domingo, 28 de octubre de 2012


OCTUBRE en LDU: "Infantes asesinos" a cargo de Natália Tárraco


Este cuento lo escribí a
raíz de una convocatoria sobre el terror relacionado con la infancia, el título obligado de la misma:

Infantes asesinos

Sus miradas se cruzaban, cómplices, alborotadas, iban a lo suyo con una determinación genética, sonrientes, jugando al escondite en los túneles, en las celdas y en las galerías del complejo donde habían nacido. Cuerpecillos inmaduros, risitas o gorjeos en la penumbra, sin detenerse más que para recoger migas o miel, pura glotonería.
La leve claridad les indicaba el camino y hacia ella se encaminaban
__ ¿Cómo se llama tu madre?__preguntó una, mostrando los dientecitos nuevos a su compañera.
__ No sé, se llama como la tuya, Madre ¿no?
Al ser criaturas no podían resistirse a jugar de tanto en cuando, y de nuevo, en los cruces de las avenidas, por grupos afines; el “pilla pilla” o los indios o los piratas, la comba o “el corro de la patata”, les entretenían un ratito, lo justo para divertirse ya que tenían a favor el tiempo y el destino.
__ ¿Y esta cosa seca?__ exclamó un niñito dando un salto.
__ Cosas de antes__ respondía la de su lado, con un ademán de asco en el tierno rostro. Procuraban sortear los deshechos quebradizos apilados por todas partes que crujían al pisarlos. Alguna de aquellas basuras mostraba signos de anatomía: cabeza, extremidades, pupilas que se evaporaban soplando.  
Llegaron a la antecámara sudando, aunque alegres. Desde el orificio del techo se filtraba la lluvia y al cabo de un momento, por arte de magia, penetró la luz de la luna llena ¡buen augurio!
Resbalaban en el barro formado por el aguacero. Se ahogaron una o dos, ¿o tres? no los contaron, no sabían contar ni aprendieron a nadar. Poco importaba, eran miles. Formar parte de una multitud les imprimía fuerza, sensación de poder y la muerte tampoco la entendían. Ni pañales llevaban, ya eran mayores, ni andadores ni chupetes, ni baberos, eso fue antes ¿o ni eso?

__ ¿Cómo se llama tu Padre?
__ Padre, supongo.
__ Dejaos de preguntitas tontas que se hace tarde.
Les advertía una tiesa, vestida con un canesú a rayas muy llamativo.
__Quiero un traje como el tuyo ¿de dónde lo has sacado?
__ ¿Y a ti qué te importa?
__  ! A ver si me pillas!__ repuso la pequeñuela de redondos ojos.
La atrapó el más fortachón del grupo, corpulento, que la mordió en el cuello y la mató, aunque él no tuvo conciencia de haberla matado; se dijo que estaba dormida por culpa de la carrera y los juegos, ¡agotada!

Después de atravesar aquella sala, conteniendo el aliento, llegaron a la meta, a la gran estancia, al chorro de luz lechosa que inundaba el lugar mágico. Se apretujaron en silencio, mirándola, extasiadas y extasiados. La luna Selene venía derramándose desde el gran orificio, y Ella se bañaba en aquella fosforescencia, temblando, palpitando, indefensa pero magnífica.
Poco a poco, una vez superada la primera impresión, las criaturas se acercaron murmurando entre sí. Una la tocó: era blanda y suave, untosa, bella, frágil. Luego, los demás por turnos. Ella les esperaba y con un suspiro aceptó.
"Los niños del avispero"
Dientecitos persistentes, tímidos al principio, luego tozudos, más tarde; ávidos y al final, implacables, la consumieron. Quedó un charco pegajoso, dulzón que algunas y algunos aún lamían por su delicioso sabor a comida primigenia: leche brotando de los cien pechos que fueron.
El destino cumplido, la nueva generación en marcha.
Devorar a la vieja Madre, nutrirse con ella y de ella, así era desde siempre, por eso murió sin un grito, sin una protesta ni lamento, diríase que feliz o resignada al aportar su carne a aquellas vidas infantiles, lo mismo hizo Ella de niña.
La nueva Madre, aquella de listas en su cuerpo, avanzó orgullosa y, con un gesto displicente, se tendió sobre el lecho donde nada quedaba de la anterior.
__Ríete ahora, pavonéate, Madre nueva. Los machos gandules que morirán mañana o pasado se disponen a saciarte de placer. Pero ten en cuenta que el próximo otoño te tocará a ti__ le dijo una niñita de largas pestañas ¿o eran antenas?



Recuerden visitar el blog de nuestra amiga Natalia en Imaginar...

7 comentarios :

Teresa Oteo dijo...

¿No sería la abeja Maya?
Vaya con tus infantes jugueteando por los túneles de sus casas, me despistaste jejeje.
Genial Natàlia!
Besitos.

Arya dijo...

Me ha encatado ^^ lo escribiste tu enserio?

José Vte. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
José Vte. dijo...

Cambio el comentario que casi me despisto. Lo que parecían niños son hormigas. La naturaleza en su forma más cruel, devorar a la reina, la madre, para perpetuar la especie.
Sigue teniendo un fondo terrorífico y cruel este magnífico relato Natalí.

Un abrazo

Sindel dijo...

Me da miedo pensar que en algún lugar haya esa clase de niños. Es un relato inquietante, oscuro, exquisitamente escrito.
Te felicito Natalia.
Un beso enorme.

Natàlia Tàrraco dijo...

Jejeje, gracias amigas y amigos, conste que no son hormigas, son avispas (por lo del canesú a listas) pero ese detalle es lo de menos.
Lo inquietante era el tema, meter el terror a través de lo infantil, tampoco es novedad.
Creo que lo terrorífico llega a cotas altas cuando no resulta evidente, mejor si no se ve y se presiente.

Garcia Luís por esta oportunidad que nos brindas para destapar ese lado oscuro que todos llevamos ¿o no?jejeje. Se nota que se acerca el halloween anglosajón, prefiero el avispero y el hombre del saco.

Besitos contentos, este proyecto merece la pena es otra forma de ejercitar los teclados.

Luis Rodriguez dijo...

Mil gracias por compartir tu tabajo aquí en mi blog. La foto está distorsionada para no revelar el relato ( prometí no contarle a nadie Natàlia). Un abrazo a todos y de nuevo gracias