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domingo, 20 de octubre de 2013

OCTUBRE EN LDU: Relato de medianoche II "Víctor" de LuisBernardo Rodríguez


VÍCTOR
Por
LUISBERNARDO
RODRÍGUEZ



El brasero no se encendía desde hace dos años en la cabaña. Mantenía los restos de su último uso.
Antes daba calor a los cuerpos desnudos que se unían en plena reserva y clandestina actitud.
Víctor la había comprado colocando los títulos de la propiedad con otro nombre. Era su protegido rincón en el mundo, donde solía materializar cada fantasía que creaba.

miércoles, 5 de junio de 2013

Este jueves... un relato en Dark light


Era imposible faltar a semejante acontecimiento. No podía negarme ni quedar fuera de la primera convocatoria de la administradora de un blog que está muy ligado a LDU y que además es juevera. Desde DARK LIGHT (que se le otorgó la máxima distinción en mi espacio; el Premio B en la segunda edición, categoría Uruguay), Judith Ruiz nos presenta su tema para esta nueva convocatoria.

LA LEYENDA DE LOS DOS ESCRITORES
por LuisBernardo Rodríguez

 Son estupideces que la gente repite y siempre hay un crédulo que afirma que sucedió. Hay tantas leyendas urbanas como miedos en los hombres...

 En fin... que todo este rollo de las leyendas urbanas me hizo recordar un relato de Borges. Donde dos hombres tenían un mismo sueño. Uno de ellos debió sufrir mucho para encontrar la fortuna en el sueño del otro. 

 Aquellos que escriben, sueñan con otros hombres y construyen realidades. Ahora mismo, estoy creando una mujer. Tal vez, ella es real y mi insana imaginación la haga caer en desgracia. Quizás no sea ficción, sino que; se ha cumplido la maldición, pero es más fácil y sencillo llamarlo casualidad.

 En mi nuevo relato (que espero que algún concurso se digne premiar) la voy a asesinar.
 Me la imagino, guapa, inteligente y muy simpática, me da un poco de pena darle semejante final. Estuve delineando el personaje y opté por otorgarle una nacionalidad; que sea española. En parte, porque estoy en Madrid visitando a mí hermana. 
 Una cosa perversa se me acaba de ocurrir. Voy a endulzar al personaje para que el lector se identifique de tal forma, que al final se angustien por la tragedia. Quién no recuerda a una de las maestras que tuvo en la infancia, eso me podría servir para que aquellos que lean el relato vean en esta maestra a aquellas que los educó. Debería ser madre, tal vez dos pequeños varones. No, mejor uno menor y el otro adolescente. Obviamente, también es esposa. 

 Retomo estos apuntes para analizar la posibilidad de que sea escritora y que esté inmersa en su primer proyecto literario. Aprovecho para transcribir parte del texto que ya tengo elaborado:

Una joven maestra de escuela pública estaba llegando tarde a su aula. Los chicos esperaban impacientes su arribo.
La clase fue muy divertida y ella se sintió reconfortada porque pudo hacer germinar nuevos conceptos en las mentes fértiles de sus niños.
Recogió sus cosas y antes de retirarse del recinto, le urgió la necesidad de ir al baño.
Mientras estaba sentada en el excusado, de repente, siente el sonido de la puerta que hace al abrirse, escucha pasos. Y nuevamente el sonido de una puerta pero del cubículo próximo a donde estaba ella. Algo le llamó la atención de ese visitante, no sonaban a tacos sino a pisadas de zapatos. Posiblemente, era cosa de ella y de su mente creativa, la explicación más lógica era que podían ser de una chica en zapatillas que amortiguaban la pisada, pero igual esa extraña intuición de que fuera un hombre en el baño de mujeres persistió.

Al salir del baño, casi lanza un grito que alertaría al conserje del instituto. Aunque en ese momento, seguramente, estaría cerrando todas las puertas para retornar a su casa. Lo que vio en el espejo del baño fue lo que casi la infarta. Una leyenda escrita con lápiz de labios (que además reconocía que era el que ella misma usaba) indicaba una amenaza: “Tengo que acabar contigo”.

En esos segundos de puro pánico, escuchó el golpeteo impaciente de un pie en uno de los cubículos. Se agachó para observar unos zapatos negros. Sabía que su asesino cumpliría la promesa del espejo.


El final realmente no me gusta, le falta más suspenso y debería extenderlo un poco más. En este momento no puedo concentrarme porque los malditos perros están aullando, de seguro se les dio por perseguir a los patos del estanque. Voy a echar un vistazo y ahuyentarlos para que no lastimen a ninguno. Luego, retomaré el relato…

jueves, 9 de mayo de 2013

Mr. Deadly #6 de LuisBernardo Rodríguez


MR. Deadly*
6

Nuestro protagonista se despierta, como habitualmente lo hace, con su clásico daño colateral post mortem. Hoy, con una iracunda actitud irracional contra el universo. Unas ansias de maltratar al mundo y sus integrantes. Es un capricho casi de infante, sin explicables motivos. En pocas palabras, se despertó alunado.

Sin cepillarse los dientes, sin quitarse las lagañas, sin peinarse y sin intenciones de combinar colores y texturas en su vestuario, sale a la calle como un animal rabioso que solo quiere morder.
Con su mejor ceño fruncido afronta las hirvientes avenidas de la ciudad. Le sangran las encías de apretar la furia, y los nudillos casi parecen navajas filosas, listas para cortar con suerte aleatoria.

A dos cuadras del trayecto, Mr. Deadly se encuentra con el registro civil. Lugar donde las parejas deciden culminar la etapa de noviazgo para adentrarse en la misma sensación de unión pero legalizada.
Luego vendrán; en algunos casos, el arrepentimiento y la desesperación, pero que un buen abogado con su noble arte logrará quitar dichos males.

viernes, 12 de abril de 2013

Mr. Deadly #5 de LuisBernardo Rodríguez


¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. 

Pedro Calderón de la Barca


MR. Deadly
5


Indudablemente, la última aventura de nuestro amigo fue mortalmente agotadora. Lo que no justifica, teniendo en cuenta su diario padecimiento, que esté (hasta casi el mediodía) durmiendo.
Una actitud reprochable, puesto que el ocio no es una alternativa ni opción para Mr. Deadly.
El descoserse durmiendo, es un lujo que solo los que poseen el tiempo de sobra pueden dárselo. O, tal vez, para lo que poseen poca imaginación o ímpetu para disfrutar esas horas libres de obligaciones.
Sospecho que este capítulo será más lacónico de lo intuía. Mr. Deadly, apenas movió un brazo y emitió unos silbidos entre ronquidos fuertes.

¿Cómo serán los sueños de Mr. Deadly? Se repetirán sus muertes en ellos. Los residuos diurnos afectarán la construcción de los mismos. Aunque, al igual que sus horas, hay poco material para fundar un sólido sueño o pesadilla. Hay que manifestar, que los sueños no siguen un patrón o argumento, son puro contenido desordenado.

sábado, 6 de abril de 2013

Mr. Deadly #4 parte III por LuisBernardo Rodríguez


MR. DEADLY 4
Parte III

 Mr. Deadly se debatía entre huir o permanecer al lado del desconocido. El lado más humano le ganó la pulseada. La compasión y la determinación de ser la compañía del pobre hombre en su final, prevaleció.
 Supuso la vida que llevaba el extraño. Lo imaginó viudo, quizás no tuviera hijos. Con seguridad, tuviera un buen pasar económico y herederos de ambos bandos; de su parte y de su difunta esposa.  Sería de conjeturar que se avecinaría una carnicería por la o las propiedades que poseyera.
 Tal vez, existieran inquilinos que moraban ese terreno y estarían adentrándose a una nueva incertidumbre.
 Demasiados supuestos que ni siquiera revisten valor. Mr. Deadly, solo decidió tomar la mano del sujeto. Fue en ese preciso instante, que sintió la potente descarga en todo su cuerpo.

viernes, 5 de abril de 2013

Mr. Deadly #4 parte II por LuisBernardo Rodríguez


MR. DEADLY 4
Parte II

 Sentirían lo mismo, aquellos que presenciaron sus tristes decesos en público, como él estaba experimentando frente al sexagenario.
 Rápidamente, se profesó aturdido ante la  pregunta del paramédico que intentaba resucitar al hombre:

- ¿Usted, es el hijo?

 No pudo articular palabra, se remitió a mover la cabeza, sin percatarse que lo hacía de forma afirmativa, aunque lo concebía como un movimiento involuntario.

viernes, 8 de marzo de 2013

Mr. Deadly #3 por LuisBernardo Rodríguez


MR. DEADLY 3

La solución estaba en no correr peligro.
Con esta certeza, Mr. Deadly, decidió enclaustrarse en su vivienda para evitar todo daño que el exterior pudiera causarle.
Aunque sospechaba que, incluso, en su propia morada los peligros igual acechaban.
Con el pasar de las horas (alcanzando un maravilloso mediodía, casi un milagro en su interrumpida existencia) el tedio le imponía una reflexión impostergable.
Se dijo a si mismo:
- Esto, no en vida-.


Así, que decidió esperar un poco más y acercándose a la ventana divisó una inesperada motivación para envalentonarse.
Una hermosa mujer, enfrente y en otra ventana, se peinaba frente al espejo.


La exaltación del pulso cardíaco y un curioso ímpetu por la vida parecía apoderarse, en forma de síntomas, y afectando a Mr. Deadly.
En el encierro, no encontró nada, o, tal vez sí.
Sobrevivir horas vacías no era un objetivo válido, era postergarse.
Ahora, solo le quedaba decidirse entre la contemplación o la acción.

Desgraciadamente… Mr. Deadly, frente a su nueva práctica voyeurista, olvidó la inicial reserva y refugio. Precipitado, decide abrir la ventana con tanta energía y violencia que hace estallar los vidrios.
Varios fragmentos pequeños caen al suelo, el de mayor tamaño, se incrusta, caprichosamente, en la carótida de nuestro amigo. En segundos, un charco inundó el suelo de Mr. Deadly. Un rojo apasionado tiñe su cuerpo como abrazándolo. Por la mañana, con seguridad, una carraspera y una disfonía le cortarán las ganas de emitir palabras.




Hora del deceso  13:05 PM


viernes, 18 de mayo de 2012

Colaboración: Pucho que me hiciste mal por Carlos Alejandro Nahas


 PUCHO QUE ME HICISTE MAL 
por Carlos Alejandro Nahas






El pucho nos llegó de chicos, de cuando poníamos chapitas debajo de las vías del tranvía, de cuando tomábamos la leche de la botella de vidrio, de cuando las figuritas eran de lata. Nos habrá llegado a los 12 o 13 años. En una plaza de Barracas y de madrugada. Arturo le afanó a su tío Alberto los primeros Saratoga, fuertes como la mierda. Y en esa madrugada nos hicimos hombres de a pucho. Luego vendrían el debut sexual en el quilombo de Doña Rita, en el docke, las primeras novias, los primeros bailes en el centro con ambo, zapatos blancos y medias rojas. Pero lo que se dice “debut – debut”, lo dimos en aquélla plazoleta de la calle Jorge, entre toses y carcajadas.
            A todos nos quedó el vicio. Que se fue acrecentando con los años, las cuentas impagas y los embarazos. Estaban los que fumaban Imparciales, que te partían el pecho, y los soretes de a Chesterfield. A mí se me dio por los Kent, que compartía invariablemente con Lucho. Y Tito Pajarito empezó con los “Particulares”, negros, duros, al principio sin filtro. Después se pasó a los “Parissiennes”, pero él era de los negros. Era como Ford o Chivo. El se embarcaba en los puchos de macho, aunque a la noche escupiera mierda.