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jueves, 29 de octubre de 2015

Octubre en LDU 2015 (semana final): KARINA SINDEL AVEFÉNIX



EFECTOS 
COLATERALES

 Hacía meses que Ezequiel se había quedado sin empleo.  Estaba a punto de darse por vencido cuando vio el anuncio en internet.  Sin perder tiempo envió un correo electrónico con sus datos para concretar una entrevista. De inmediato le respondieron que lo esperaban al otro día a primera hora.
 Le llamó la atención que el lugar en el que lo habían citado para la entrevista fuera una casa. Apenas tocó el timbre lo recibió una señorita que lo condujo hasta un consultorio. Allí lo aguardaba un hombre que se presentó como el Dr. Otero.
 Luego de las formalidades el Dr. le explicó que ese lugar era un laboratorio en el que estaban trabajando sobre una nueva droga  para curar el Alzheimer.  Pero que, como estaba en la primera etapa de la investigación, necesitaban voluntarios para ir estudiando los resultados.  Si él  se ofrecía a colocarse una dosis de prueba recibiría a cambio una tentadora suma de dinero.  Le hizo leer unos formularios en los que figuraban los efectos colaterales conocidos hasta ese momento de la dosis, que consistían en una leve pérdida de memoria, anorexia, cambios de humor y somnolencia durante los primeros diez días, luego, al ir acostumbrándose el cuerpo, todo eso quedaría superado y volvería a sentirse bien.  Pasado ese tiempo tendría que volver para un control y dejar asentado si había sentido algo nuevo.
 Ezequiel aceptó  la propuesta, firmó los formularios y le aplicaron la dosis. Pasó por la recepción para retirar el efectivo y se fue.
 Ese día no se sintió tan mal, solamente muy cansado.  Se recostó antes de cenar en la cama quedándose dormido hasta el día siguiente en el que despertó completamente desnudo y con dolores en todo el cuerpo. Tenía la sensación de una fuerte resaca, pero juntando fuerzas se levantó. No tenía casi apetito, comió unas galletas y luego volvió a la cama.
 Otra vez volvió a despertarse al día siguiente, esta vez con la sensación de haber tenido pesadillas espantosas que no podía recordar. Se obligó a levantarse, tampoco tenía apetito, fue a la cocina a tomar un poco de agua y encendió el televisor. Todos los canales daban noticias que lo angustiaban. Lo apagó de inmediato hecho un mar de lágrimas. Cuando iba a volver a su habitación vio que el piso de la cocina estaba marcado de pisadas, muchas, que iban y venían, desde la puerta de servicio hasta el refrigerador. Supuso que eran suyas, tal vez en estado de somnolencia había salido para algo. Pero esos ratos quedaban perdidos de su memoria. Como pudo limpió y volvió a la cama.
 Así pasaron los primeros diez días, de la cama a la cocina, sin acordarse como llegaba a dormirse, sin comer, desconectado de los noticieros, limpiando algunas veces pisadas y sin recordar demasiado de lo que hacía en los ratos en los que estaba despierto.
 El día once amaneció diferente. Había tenido pesadillas y aun no las recordaba, pero estaba más animado. Encendió el televisor y subió el volumen para escucharlo mientras se daba una ducha, no recordaba cuando lo había hecho por última vez. Se miró en el espejo, estaba muy delgado. En uno de sus hombros tenía una marca, un tatuaje que no recordaba haberse hecho. Empezó a preocuparse por esas lagunas mentales que lo habían alejado de la realidad.
 Desde el televisor llegaban las noticias. Un robo millonario en la casa de un actor, campañas políticas por las elecciones,  el hallazgo de la prefectura que había encontrado  flotando en el río cinco cuerpos de mujeres envueltos en bolsas y  sin cabeza; y por último el terrible atentado a una escuela que hasta ahora nadie se había adjudicado. Después por fin vinieron los comerciales.
 Volvió a sentir una terrible angustia. Se dio cuenta que había vivido diez días en el limbo, sin enterarse de nada. Sin vivir.
 Empezó a sentir en su estómago una sensación de hambre.  Cada vez con más fuerza se anunciaba el apetito.  Miró la hora y vio que ya era el mediodía. Comería algo y después iría al laboratorio para hacerse el control.
 Fue a la cocina  y comenzó a buscar en las alacenas algo para cocinar, había poca cosa. Pero se acordó que el día anterior a ir al laboratorio había comprado unas costillas de cerdo que no había llegado a comer. Se le hizo agua a la boca.  Desesperado abrió la puerta del refrigerador. Las costillas no estaban. No había nada de comida. Pero había algo. Eso que él había guardado durante sus lagunas mentales.
 De pronto empezó a recordar… Las pisadas… Las pesadillas…

 Desde el interior del refrigerador,  perfectamente acomodadas, las cabezas de cinco mujeres  envueltas en bolsas transparentes lo miraban fijo con los ojos abiertos y congelados por el horror.


El relato que leyeron pertenece a KARINA SINDEL AVEFÉNIX. O su verdadera identidad KARINA DE PAOLO 

Ella es otra del grupo selecto de escritores que tiene la responsabilidad de dar el cierre triunfal a este Octubre en LDU.
Ha colaborado en anteriores ediciones y desde su blog creo una propuesta llamada “Contando las palabras” que además tuve el gusto de participar.
Fue la ganadora de la 3ª edición del Premio B y está ligada al blog con la reseña especial que realizamos y espero que la lean para descubrir su espacio.
Le agradezco su participación en este nuevo especial y espero que sigamos en esta senda llena de palabras, poesía e imaginación. Muchas gracias e invito a todos pasar por su espacio:


martes, 27 de octubre de 2015

Octubre en LDU 2015 (semana final): ADRIANA GABRIELA TUGORES




Caramelos
ácidos



¡Qué vida su vida! Elmer, una vez más, se había levantado de mal humor. La casa estaba hecha un desorden, por lo que caminaba arrastrando sus pies, tratando de evitar pisar las tantas cosas diseminadas en el piso.
En realidad, no se sentía responsable por el aspecto de su casa,  mucho menos por el estado calamitoso en el que se encontraba él... todo era culpa de ella, "maldita mujer" que se le había cruzado en el camino. "Insensible, insensata, egoísta y manipuladora". Toda su rabia la volcaba en palabras que vociferaba con energía para que rebotaran entre las paredes de su casa. A cambio, la casa le devolvía el silencio más absoluto. La soledad le pesaba, pero no tanto como el recuerdo constante de aquella mujer que había sido su compañera por bastante tiempo. "La paciencia caduca" -le había espetado ella en su cara el día en que con las valijas prontas se despidió de él sin mucho más preámbulo. "Claro" -pensó Elmer- "es más fácil echarme la culpa a mí y no hacerse cargo de nada de lo que a ella le toca. ¡Maldita, infeliz, ponzoñosa víbora!" y así seguía la retahíla, día tras día, hora tras hora...
La televisión estaba encendida, le gustaba ver a Puglia cocinando y reír con los chistes de doble sentido que a veces acompañaban sus preparaciones. Reía como sin ganas, pero reía, mientras su abultado abdomen cimbraba por los espasmos de su risa. Nunca le faltaba la lata de cerveza, se le adhería a la mano con más entrega que la de quien había sido su mujer. O al menos, él disfrutaba más de su compañía y el efecto risueño que le provocaba.
En eso... sonó el timbre. Le resultó un sonido molesto, inoportuno, lo que le provocó que su boca, una vez más, se llenara de improperios. Pero ni se inmutó, no estaba decidido a mover ni un dedo para ver quién llamaba. "No espero a nadie." Esa fue su resolución final...
La tarde fue transcurriendo. La televisión siguió encendida. No se hablaba más que de Halloween y la noche de brujas, "esas estupideces importadas que nada aportan a la vida. Malditos yankees, como si no alcanzara con los problemas de uno. Encima, hay que agregar celebraciones estúpidas. Allí andan los niños estupidizados, disfrazados de monstruos, como si no tuviéramos bastantes fantasmas con los que lidiar a diario! ¡Manga de idiotas! A mí que no vengan a romperme los huevos con dulce o truco, o cómo mierda le digan. Al primero que me venga con una idiotez de  esas le zampo una patada en el medio del culo!"


Ilustración creada por la autora


De pronto, un recuerdo se le escurrió por la memoria. Con parsimonia se levantó del sillón que padecía  un destartalo inevitable a causa de su peso. Una vez más, sus pies se fueron entreverando con prendas, papeles y latas tiradas en el piso. Se dirigió a la cocina. Recordó que "ella", guardaba en alguna parte una lata repleta de caramelos ácidos. Eran sus preferidos. Él los odiaba. Buscó hasta que los encontró. La lata estaba llena por la mitad. La sostuvo entre sus manos que empezaron a temblar, vaya a saber por qué endemoniado motivo. Su mirada huyó del lugar, dibujando imágenes en el aire... pensamientos distorsionados, recuerdos mutilados, risas acalladas, entregas dolorosas, frustración y rabia, sobre todo eso, mucha rabia. Lentamente, se agachó donde se hallaba el estante de los artículos de limpieza. Tomó un recipiente de veneno para ratas... "Maldita noche de brujas!... maldita bruja!"  ...
Caía la tarde, cuando los niños con sus vestimentas de Halloween salían a hacer la recorrida tocando timbre casa por casa, conminándole a quien le abriera, con la consabida frase: "¡Dulce o truco!"
Elmer, aguardaba con una sádica sonrisa en los labios...



                         Gaby*©
                               2014


El relato que leyeron pertenece a ADRIANA GABRIELA TUGORES.
Aquellos que siguieron los recuerdos de este especial y llegaron a este increíble relato habrán apreciado la versatilidad de Gaby.
No solo desarrolla un talento en el ritmo narrativo que imprime a sus trabajos sino que también hay un gran aporte visual. Sus ilustraciones demuestran su visión artística.
Ha realizado ilustraciones para Teresa Oteo Iglesias en varias ocasiones. También ha participado en varias antologías, así como finalista en otras convocatorias literarias.
Invito a conocer más Gaby directamente desde su sitio. Encontrarán un universo de palabras, logros y muchas texturas, colores y formas:




jueves, 22 de octubre de 2015

Octubre en LDU 2015: Libro de pesadillas (relato nuevo)



LIBRO DE
PESADILLAS


 La luz de la pequeña lámpara, ubicada sobre la mesita, comenzó a parpadear como el habitual preludio a una noche cargada de pesadillas.
 La niña despertó completamente bañada en sudor, el corazón le latía con una velocidad extrema que solo el miedo conseguía provocar un ritmo semejante.
 Al igual que en las últimas mañanas, se dirigió a su pequeño escritorio. Tomó el bolígrafo y empezó a escribir su más reciente visión durante el estado de sueño.
 En el cuadernillo figuraba un título prolijamente subrayado y bajo el nombre de “Libro de pesadillas”, ella fue coleccionando sus horrores nocturnos.
 El contenido de las anotaciones era, probablemente y sin intención de exagerar, de un nivel perturbador, más allá de las tortuosas descripciones y rico en detalles pavorosos.
 Si cayera en manos de un lector común, le llamaría la atención varias cosas. Anteriormente señalé la exquisitez que destilaba en imágenes sus anotaciones, aunque de estilo curioso.
 El texto se desplazaba por un lenguaje entendible y ameno, aunque surgían vocablos más complejos que le proporcionaban una ferocidad propia de un avezado escritor de literatura fantástica y de terror. Lo llamativo era que resaltaban las faltas ortográficas en desmedro al pulso narrativo que se exponía. Aunque dichas fallas eran verosímiles en una niña a esa edad (no obstante, un adulto tampoco está exento de cometerlas).
 Convengamos que, podríamos deslizar una conjetura que disiparía (aunque cause una sensación angustiante por su carácter misterioso) estos pormenores. Acaso, alguien le estuviera dictando esas retorcidas palabras…
 Asimismo, que un lector se horrorizaría ante la lectura, es imposible imaginarse el espantoso efecto que surtiría, si este libro cayera en manos de la madre de la autora. Directamente, la niña sería sometida a un desfiladero de psicólogos, atenciones especiales, pruebas y evaluaciones. 
 Afortunadamente, el libro nunca fue descubierto. Siempre se mantuvo en la biblioteca y en un lugar estratégico, casi privilegiado. Este espacio lo compartía entre los libros de “Narraciones extraordinarias” y “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”. Ambos ejemplares estaban firmados y dedicados por su padre.
 La rúbrica era extravagante pero muy prolija mientras que la caligrafía eran trazos irregulares casi infantiles, como si provinieran de distintas manos. La frase que se repetía en ambos era:
 “A mi hija y futura escritora”
 Estas palabras tal vez surtieron efecto en la niña y su futuro. Al menos su libro de pesadillas era un emporio de escenas muy detalladas, dignas de una mente imaginativa y talentosa.
 Su obra se mantuvo oculta por varios años. Las mudanzas y traslados quizá ayudaron a su desaparición. A la par de la fuente de inspiración para la escritura que cesó a partir del accidente sufrido antes de cumplir los ocho años de edad. Ella cayó de una alta escalera de tobogán y estuvo veinticinco días en coma. Curiosamente, esa fue la cifra exacta de días que su padre, tras ser arrestado por el cargo de una decena de asesinatos, estuvo a la espera del dictamen del juez que lo condenó a la pena de muerte. Las víctimas eran todas jóvenes que fueron mutiladas, colocadas en bolsas plásticas y que terminaban distribuidas en distintos caminos, ríos y arroyos en el estado de Virginia.
 La niña se crio con una parte real de la versión de los hechos. Solo sabía que su padre había huido a otro país, abandonando a ella y a su madre. El oscuro historial de su progenitor se le fue vedado con la intención de protegerla, aunque la niña albergaba la esperanza del reencuentro.
 Este deseo alguna vez fue formulado en voz alta pero la respuesta siempre contundente y negativa por parte de su madre y abuela. Aunque la sensación de causar pánico y desesperación en el rostro de ellas  es lo que la hicieron desistir, y nunca más mencionar el posible encuentro.

 Es con el transcurso del tiempo lo que cura y cicatriza heridas y a otras las mantiene abiertas y lúcidas y de la misma manera, con su paso; todo lo transforma, lo mutila o lo embellece. Es que la sumatoria de horas, minutos y segundos se vuelven un peso descomunal que logran comprimir o liberar un alma. Y este mismo tiempo, también hizo de la niña una mujer, que en la actualidad vive en un piso alquilado y en total soledad.
 El inicio de una tormenta agrietó el oscuro cielo con un relámpago casi inusual. La mujer se despertó y tanteo a ciegas algo para iluminarse momentáneamente.  Encendió el móvil para que su brillo le fuera suficiente y abrirse camino entre la oscuridad del apagón. Un poco mareada llegó al comedor y percibió una singular luminiscencia entre los estantes de su biblioteca.
 Como si cayera en un trance hipnótico tomó el ejemplar y lo abrió sentada en el piso, colocó la mano en la primera página y en su interior retumbó una voz que dio comienzo a la lectura del libro:

“La primera víctima esperaba en la calle. Un joven atractivo de unos 20 años, que se guarecía de la lluvia bajo el techo de un local comercial. Ella se acercó sigilosa como un gato y el divisó una mirada impregnada de seducción. Con delicada gracia, ella le exhibió un seno y el joven no puede negarse a la aproximación. Ella lo convenció para que suba a su departamento donde vivía sola…”

 La voz se apagó y empezó a sentir la lluvia mojándola enteramente, su blusa se adhería a su piel. No comprende cómo logró desplazarse con tanta celeridad ni en qué momento volvió la luz a iluminar las calles. Solo recuerda una intermitencia en las luces del pasillo, como flashes de cámaras. Tal vez, era la forma que su padre le guiaba un ojo como complicidad y le imponía el mandato paternal de continuar la herencia que había depositado en ella. Probablemente, eran alucinaciones de un ser perturbado y así sucumbía la represión de un instinto asesino que lo llevaba en sus genes.
 La comunión entre padre e hija se había concretado y el tiempo será testigo de la carnicería que dejará el sendero de ambos.


Quiero agradecer a todos los que se tomaron el tiempo (o lo perdieron) en leer este relato nuevo.
Me quedó medio largo pero este período de inactividad que padecí me provocó escribir un poquito más.
Carrera literaria, no tengo. Libros publicados, no tengo. Tengo mi blog LDU y aquí les dejo un enlace con todos los relatos, micros, seudopoesías y otras tonterías que me salen de la cabeza:



sábado, 25 de octubre de 2014

OCTUBRE EN LDU 2014: "Y/O (El tótem) a cargo de LuisBernardo Rodríguez



Y/O (EL TOTEM)

A cargo de
 LuisBernardo
RodRIguez

 Parte I


Salud y abundancia… dijo un amigo que había visitado México durante una semana, cuando me entregó el pequeño tótem artesanal de regalo.

Añadió las instrucciones de encender una vela y pedir con todo el sentimiento de fe en la primera noche de luna nueva.

Y así, con toda mi ignorancia, lo hice…

Antes que llegara el suvenir, aposté a los números 08, 15, 26, 32 y 41 en un popular juego de azar que se realiza una vez al mes.
Cuando las circunstancias apremian se buscan las soluciones por los caminos menos probables.

En fin, después del ritual y con mucho tiempo libre, ya que había perdido mi empleo recientemente, me dispuse a ver un poco de televisión. En un programa escuché el testimonio de un sujeto que había encontrado cierta documentación importante para un empresario. Al devolverlo al dueño, recibió una gratificación por su acción. Me dije: ojalá me sucediera algo así.

Al día siguiente me levanté muy temprano y con los clasificados en mano salí en busca de empleo hacia la calle. Cuando estaba a punto de cruzar una avenida, observo a un hombre mayor caer de rodillas dándose un fuerte impacto contra el asfalto. Fui a socorrerlo, ya que pasaban personas a su lado pero ninguna atinaba a hacer algo, entonces me percaté que su rodilla sangraba.

Me agradeció la ayuda que le brindé y a posteriori me dediqué a realizar un improvisado vendaje con mi corbata. El hombre se lamentó por la pérdida de mi corbata, ya que intuía que la sangre con el lavado sería imposible de remover. Le expliqué que no importaba, que había dado por terminada mi búsqueda laboral por el día. Él anciano tomó su móvil para avisar a su nieto, en la comunicación le explicó que estaba bien y que no se alarmara, que lo viniera a buscar en su auto y algo más que no llegué a captar. Luego el octogenario me solicita que no me vaya y que lo acompañe en la espera.  En menos de veinte minutos, estacionaba al lado nuestro un Audi último modelo (supongo que lo era, su brillo era soberbio y destilaba un aire de objeto inalcanzable para mí). El sujeto que desciende del coche resultó ser el nieto que descendió presuroso y junto al anciano me miraron con gratitud. Subimos con dificultad al abuelo al asiento trasero de la nave (para ese entonces ver por dentro esa maquinaria era un lujo que la casualidad me tenía reservado y mis sentidos se exaltaron, en especial por el aroma a cuero nuevo, tan brilloso como el exterior). Ya con el hombre dentro del coche, el nieto me extiende un cheque, mi sorpresa e incredulidad entraron en contradicción. Luego agregó que su abuelo fue  el fundador de una empresa multinacional y que le solicitó por teléfono este pago, además le explicó de mi estado laboral.  Acotó que la cifra era más que suficiente para emprender mi propio emprendimiento. También me aconsejó que, en un futuro, si llegaba a prosperar, hiciera lo mismo con algún joven atento y honesto como lo fui yo con él, llegada la ocasión.

Cuando llegué a casa de tanta alegría y euforia estornudé sonoramente y sentí una flojera inusitada en todo mi cuerpo. 


 Parte II

miércoles, 23 de octubre de 2013

OCTUBRE EN LDU: Colaboración a cargo de Teresa Oteo Iglesias (relato)



Una colaboración de la autora 

TERESA
OTEO
IGLESIAS
No exagero si os digo que el día que la prueba de embarazo dio positivo fue el mejor y el más feliz de mi vida.
¡Hacía tanto tiempo que lo buscábamos! Después de muchos médicos, pruebas, análisis y tratamientos de fertilidad, por fin sentía que las lágrimas, el dolor y el sufrimiento habían merecido la pena.
Recurrí a Regina movida  por  la desesperación y la fuerza de una mujer que desea ser madre por encima de todas las cosas.
Mi abuela y las ancianas del lugar habían oído hablar de ella desde siempre, la bruja, la llamaban, pero fuera lo que fuese lo que hacía, funcionaba. Los rumores decían que su  magia negra comenzaba donde la ciencia se rendía.
El lugar donde esa hechicera había instalado su dispensario no era agradable y el reconocimiento que me hizo muchísimo menos. Aquel sitio tenía algo que ponía la carne de gallina. Era tétrico, oscuro, atestado de velas, amuletos y objetos extraños  y poco o nada  esterilizado, eso seguro, pero tenía que probar, tenía que quemar mi último cartucho, se trataba de la última posibilidad de fecundar a mi propio hijo.

Regina  era una mujer mayor, pero no parecía tan vieja como decían las habladurías del pueblo; pequeña y contrahecha llevaba el pelo muy negro, recogido en un moño bajo y tenía una forma de hablar seca y cortante que no inspiraba ninguna confianza. Sus ojos, de colores diferentes, uno gris y otro azul, parecían tener vida propia y era imposible saber hacia dónde miraban.
No dejó que mi marido pasara conmigo, le hizo esperar fuera:
_ No quiero hombres pisando mi casa – gruñó entre dientes mientras me guiaba a un pequeño cuarto.
Me pidió que me desnudara de cintura para abajo y  me tumbara sobre aquel  camastro, realmente daba grima, pero intenté relajarme y no pensar en ello.
Palpó mi vientre con fuerza, me hacía daño, contuve  un grito de dolor cuando  introdujo su mano en mi interior mientras murmuraba:
_ Es imposible que engendres, niña, estás seca por dentro, eres un yermo árido, no podrás concebir con ningún varón, pero yo puedo ayudarte, si confías en mí…
_ ¿Qué tengo que hacer? Estoy dispuesta a cualquier cosa, lo que sea.
Te prepararé un ungüento para que te pongas una cataplasma sobre el vientre durante la  próxima luna llena y desde mañana beberás cada noche el brebaje que te daré.
_ ¿Una pócima mágica?- no sé si…
_ Una fórmula magistral, pero tú decides, niña, yo no voy a intentar convencerte de nada, si estás aquí es por algo.
_ Está bien, está bien… lo tomaré, lo haré. – contesté convencida.
_ Necesito una gota de tu sangre y otra de tu marido para elaborarla, los demás ingredientes mejor que no los sepas, de lo que sí debo advertirte es de que tu vida puede verse alterada de alguna forma que no puedo precisar, eso se escapa a mi control, digamos que todos los tratamientos tienen sus efectos secundarios…incluso este.
Al día siguiente a primera hora fui a recoger la poción y por la noche antes de acostarme tomé mi primera dosis.
Poco después la noticia se confirmó: un pequeño embrión se gestaba dentro de mí  y yo irradiaba felicidad. Regina y su tenebroso consultorio habían pasado a un segundo plano en el escenario de mi vida. No volví a pensar en ella.

domingo, 13 de octubre de 2013

OCTUBRE EN LDU: Relato de medianoche I "Espejo lateral" de LuisBernardo Rodríguez




Espejo lateral
por
LuisBernardo Rodríguez


La investigación había llegado a su fin. El asistente se acerca al detective y le comunica que la prensa ya se encuentra fuera del recinto.
El hombre maldice la celeridad con la que llegaba la información a esos buitres sádicos. El ayudante asiente con la cabeza y le pregunta si va a declarar algo. El detective le comunica que dirá lo básico y necesario porque hay cosas que es mejor no explicar.
El giro de esta persecución había sorprendido a todos los involucrados.

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La escena del crimen era un depósito abandonado y dos personas se hallaban en él.
Una de pie sosteniendo una especie de instrumento punzante con forma de garra, la otra se encontraba maniatada a una silla de metal.


-Diga sus ultimas palabras... lo que seguirán serán solo gritos.
-Libéreme.
-Oh, no. Por supuesto, que no lo haré. Desde que la localicé me ha costado mucho atraparla.

El sujeto revolvía en su memoria y venían los fragmentos de todo el elaborado plan que había dispuesto para la victima.
Recordó la primera vez que la vio y si bien, nada le atraía en particular, decidió que debía ser ella la octava en su cosecha.
Logró perfeccionarse y mejorar enormemente su habilidad para la cacería sangrienta que había emprendido.
Con la primera victima había sido demasiado descuidado y la mató de forma brutal y rápida, lo que terminó siendo insatisfactorio, las siguientes fueron degustadas con parsimoniosa crueldad.

Esta chica se le escabullía y nunca encontraba la forma de estar a solas para concretar el secuestro. La siguió por varias calles y lugares que visitaba. Afortunadamente, nunca hicieron contacto visual, pero a él le daba la impresión que ella tenia ojos en la espalda y, realmente, estaba al tanto de su acosador.



- ¿Por qué lo hace?
- Porque puedo hacerlo- contestó el hombre. Hasta ahora, la policía no tiene ningún rastro de mí. Son tan inútiles como desorientados.
- Libéreme...
-¿Llorará? ¿No va a suplicarme?
- Eso es lo que quiere, de eso se alimenta.
- En cierta forma, sí. Aunque le repito, no he torturado y asesinado a siete mujeres por un motivo específico.
- Entonces ¿por qué lo hace?
-Basta.

Ciertamente, esta chica le haría sentir mayor placer al momento de desgarrarle la piel, cuando le corte el cuello y luego comience a explorar su interior, destripándola.
Lo más gracioso, es que ella misma se había tendido su propia trampa. Desde el auto la divisó. En determinado momento, ella giró sobre sus pasos y fue hacia donde él se encontraba. Él pensó que la chica iría a encararlo y se planteó dos posibilidades: una era seducirla y si ella no tenia escrúpulos, facilitaría mucho tenerla dentro del vehiculo a su merced o, en caso de que ella tomara un diálogo más agresivo, él, simplemente le propinaría un fuerte puñetazo en la cara para desmayarla y con naturalidad huiría del lugar con la inconciente victima en el carro, hacia el deposito que ya tenia inspeccionado.
La calle estaba desierta y mal iluminada, como hombre de apenas treinta años era ágil y lograría su objetivo.
La mujer se acerca, lentamente, por la calle para pasar por el lado conductor. Él, desenrolla el periódico y simula la lectura. Ella pasa por al lado y baja el impreso para verle la espalda por el espejo lateral del automóvil.
En esa fracción de segundo, desapareció del reflejo del espejo. Rápidamente tira el diario y baja del coche, para su sorpresa, la chica seguía su andar. El asesino sabía que había cometido un error, tal vez, la desbordante adrenalina le perjudicó la visión y no vio la mostrada imagen de la indefensa muchacha en el espejo.
Igual ella seguía su rumbo hacia un lugar más oscuro, a un callejón. Así que aprovecho y la persiguió con el pañuelo empapado en éter.

-Libéreme…

Él ya no la escuchaba, levantó su herramienta para comenzar la matanza. Hizo una mueca de dolor y cayó fulminado en el suelo.
La víctima estaba liberada con el corazón del asesino en la mano. Comenzó a sorber desde el órgano la sangre que caía y luego incrustó sus afilados colmillos con la intención de dejarlo exangüe. Cuando culmino su tarea, la chica se incorpora y mirando a su acosador recuerda la última frase que le ofreció:

-No tiene sentido matar por matar. Otros asesinamos para alimentarnos.

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El detective sentía que la investigación tuvo su final feliz, aunque haya sido de lo más extraño.



Si han llegado hasta aquí; los invito a leer mis otros aportes para el especial: