EN ESCONDER EL CADAVER
LuisBernardo
Rodriguez
Su postura nerviosa lo delataba. En su mirada había un brillo frenético y
cierta malicia chispeante que evidenciaba que algo estaba planeando…
Si pudiera transcribir sus pensamientos, seguramente, censuraría ciertos
pasajes, pero deberíamos profundizar un poco en el origen de su aberrante maquinación.
Desde la llegada del rival, toda su realidad se vio perturbada
completamente. A partir de ese momento nada parecía pertenecerle, fue desposeído
de toda gracia y de todo privilegio. La rabia inicial la manifestaba con las
heridas que se infringía en la boca. Apretaba tan fuertemente los labios que su
diente provocaba un brote carmesí goteante. Finalmente, logró asimilar la ira o
volcarla en algo más productivo. Tal vez en algo criminal, pero que reduciría su
pena hasta la desaparición. Decidió eliminar su competencia sustancialmente. El
medio era el asesinato.
Cuando un hombre posee una idea clara, ya nada lo puede detener. Tal vez fracase, pero no hay vuelta
atrás y el arrepentimiento no es opcional.
Planificar una empresa semejante a la que estaba dispuesto a ejecutar era
asumir un listado de opciones y detalles, que se transformaban en una cadena de
hipotéticos resultados.
La decisión estaba tomada: pensaba asesinarlo, pero el verdadero objetivo
era salirse con la suya. La misión en realidad se basaba en ¿dónde esconder el
cadáver?











