Pequeñas creaciones
The taste of metal, disintegrator…
c/c
Desde que
vio la obra del escultor Christopher Locke, sintió la fascinación de reproducir
esas miniaturas.
Había creado,
en menos de dos meses, unas treinta y cinco réplicas de las arañas metálicas.
Basándose
en las fotografías del artista, intentó reproducir la técnica e implementar innovaciones.
Utilizó, además de tijeras y navajas; alfileres, vidrio, escalpelos, alambres
de púas y otras materias primas con el mismo patrón: filosas, angulosas y
lacerantes.
Su arte
copiado era intocable, solo se podía contemplar.
Esta fascinación
degeneró en obsesión. Pasaba horas enfrascado en mejorar la estética de los fríos
arácnidos.
Sus dedos,
daban una impresión desagradable. Siempre estaban vendados. A veces, cuando
descubría las vendas, levemente manchadas con el rojo de su sangre, supuraba (es
que el óxido de alguno de los materiales logró infectar sus cortes). Su oficio
dañaba la más práctica de las herramientas de cualquier creador.
Las
pesadillas en las noches, lo mantenían despierto. Aunque su cuerpo llegaba al límite
del agotamiento y quedaba rendido en un sueño que, de todas formas, despertaba
alterado. Había noches febriles, donde la temperatura corporal llegaba a límites
comprometidos, que obligarían a tomar recaudo médico de manera urgente, pero en
las mañanas desaparecían.
