No quiero
dejar ninguna palabra sin “colgar” en esta despedida:
… aquellos sorprendidos y horrorizados ante las siniestras
apariciones, terminaron escuchando las historias de los colgados. Tal vez, la
audiencia se sintió predispuesta a aguzar el oído por el tono, cargado de
inmensa tristeza o frustración, que emitían los ahorcados. Algunos
participantes no solo le ofrecieron sus oídos, también esbozaron risas y hasta
fuertes carcajadas ante las ocurrencias de los condenados.
El día indicado
para su inusual presencia estaba llegando al ocaso. Ellos desaparecerán, un
poco más reconfortados en su penar, tienen vedada la posibilidad de retorno.
Ellos están suspendidos en el tiempo, siguen en sus árboles y en su eterno pendular, sin que nadie los
vea. Esperando un próximo jueves de enero para hacerse visibles…