Comodines
negros
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ignoran los griegos:
la incertidumbre.”
La lotería en Babilonia
Jorge
Luis Borges
El viejo hospital Musto* sirvió como centro
psiquiátrico durante varias décadas. Cayó en desuso, o mejor dicho, fue olvidado
de la orbita estatal, limitando su presupuesto y permitiendo que el deterioro
de las instalaciones procuraran su cierre.
Un trágico acontecimiento aceleró su clausura. La
muerte de un paciente en dudosas circunstancias llenó la crónica roja en todos
los periódicos. La noticia fue tan difundida en tantos medios que logró exponer y desenmascarar las paupérrimas condiciones en las que se encontraba el
nosocomio. Luego, todo se mantuvo en silencio. Con el cierre del
establecimiento se obstruyeron otros misterios que se estaban gestando, y que
ahora empiezan a asomar los resultados de una investigación y un experimento
que parecen salirse de control.
Contadas son las familias, en este diminuto país, que
pueden sostener que han obtenido sus riquezas con honra.
Empresarios caníbales, abogados que defienden al Diablo y a varios de sus demonios, usureros
cooperativistas, delincuentes con trajes de Armani y tarjeta de la más cara
opalina para su presentación, banqueros fraudulentos y castas políticas con sus
linajes respetados; son la fauna de la rica alcurnia de nuestra aristocrática
sociedad.
Qué sucedería si alguno de estos inescrupulosos
individuos, se une a alguna corporación que necesita, con urgencia, experimentar
de forma práctica uno de sus proyectos y que no puede sortear los mecanismos de
legalidad de dichas pruebas. Qué sucedería, si tantas mentiras, engaños y
dinero en forma de pagos, van pasando de mano en mano y perdiéndose la real
dimensión de todo. Tantas cartas en juego, la construcción de una vertiginosa
historia de intereses.
