RELATO 2.0 PRESENTA:
TERROR
EN
PRIMERA
PERSONA III
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La tragedia, la
fatalidad, hasta inclusive el fin del mundo comienza con un pequeño incidente,
como si fuera apenas un detalle.
Hace unos días se
avecinó una fuerte tormenta. Junto a la lluvia y el fuerte viento que sopló con
intensidad termino provocando, en cierta forma un aceleramiento. Una eventualidad indiferente para el universo se concretó con imprevista resolución.
Escuché alguna vez en boca de mujeres, que en ocasiones las tormentas adelantan los partos. Quizás,
el fenómeno climático incidió en el estado fecundo de mi perra, para acelerar el
arribo al hostil mundo a cuatro cachorros.
Lamentablemente, uno
de ellos permaneció muy poco tiempo con vida. Cuestiones de la naturaleza, o de
formación, o ya tenia designado la brevedad de existir. Habrá que lamentarse o
interrogar la fe del Dios animal que haya consentido esta prematura muerte...
En fin, como vieron
los otros tres están en perfecto estado, siempre prendidos a la teta de su cuadrúpeda
madre. La absorben todo el día con ojos cerrados y, a la mínima separación, el
chillido se hace presente alertando su indefensa presencia en el patio de casa.
La repulsiva tarea
de remover el cadáver del cachorro recayó en mí. Con mucho desagrado me atreví
a emprender la misión. Me acerque a la casucha y con ternura acaricie la cabeza
y el lomo de mi mascota. Ella entendió perfectamente mis intenciones y, como
alguien que no desea ver la escena trágica, se alejo dándome espacio para
actuar. Me calce los guantes de goma para tomar al cachorro muerto. No pesaba
nada y me sobraba mano para el tamaño del cuerpo que cargaba. La cara del
animal estaba contraída y endurecida, su pequeña lengua pendía seca como si cayera de un lado.



