MR. Deadly
#7
Una nueva jaqueca invadía la mañana de Mr. Deadly como resultado de la
clásica consecuencia de su anterior aventura.
A nuestro amigo se le instaló una extraña sensación. Lo había visto
hacer a otras personas en sus desafortunados trayectos por las calles. Ahora
tenía la caprichosa necesidad de imitarlos.
Mr. Deadly quería fumar.
Este nocivo vicio no lo amedrentaba a pesar de las infinitas
publicidades acerca de las perjudiciales consecuencias del consumo del tabaco.
Curiosa fue la reflexión que Mr. Deadly acababa de desenmarañar. Él pensó:
nadie quiere realmente sufrir pero porque el placer, aunque sea efímero, es más
poderoso que cualquier razón.
En fin; que otras cavilaciones nacieron de esta primera cuestión y que el
protagonista fue entretejiendo en su mente, mientras llegaba al kiosco más próximo
a su vivienda.
