Mostrando entradas con la etiqueta fenómenos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fenómenos. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de diciembre de 2012

3 Días de oscuridad y 3 relatos. TERCERA NOCHE por. LuisBernardo Rodríguez




Expectantes ante el advenimiento de la última noche y la inminente oscuridad, algunos escépticos continúan su rutina y la burla hacia el resto. Los más tenaces creyentes aumentan su dosis de fe; y los precavidos ponen en práctica las anticipadas medidas que habían elaborado.

martes, 7 de agosto de 2012

Colaborador: Martes con Marcos Llemes


La digna despedida
Por Marcos Llemes

Cristian caminaba por un fino y largo pasillo, ornamentado fríamente con puertas en los costados, que daban entrada a las habitaciones de los enfermos.
Al final del pasillo, su mujer asomó la cabeza desde el último cuarto y al verlo, pese a la mirada cansada y ojerosa, le dirigió una sonrisa forzada. Cristian se la devolvió y su cara se mostró un poco iluminada, como el gesto que hace un niño cuando su padre dice: “veremos…” como respuesta a la petición de un juguete nuevo.
Precisamente aquél lazo paternal los situaba en ese momento en el hospital. Hacía tres semanas que la pequeña Ludmila había nacido, hecho que debería haber ocurrido dos meses más tarde y que por consecuencia la había dejadodelicadita (o por lo menos así había explicado la doctora). En fin, el nacimiento anticipado de la primera hija (y también primera nieta para los padres de Cristian) les había movido el piso. Cristian como padre, no deseaba nada más que materializar la fotografía onírica que guardaba en su mente desde el momento en que escuchó la frase: “es una niña” y que precisamente se trataba de la cálida imagen de su familia: Luciana, su esposa dándole el biberón a Ludmila, quien sana y salva entrecierra sus ojitos y se entrega al sueño al tiempo que él, aviva la llama de la chimenea de su living en una fría noche de invierno. ¿Qué mas le podría pedir a la vida? Si sólo las cosas fueran así…
_ Ay Ludmila, ¿por qué tuviste que nacer antes? Tan apurada como tu padre –musitó con palabras mudas-
Y al terminar de enunciar la frase, detuvo su caminar a diez u once metros de su meta. Su rostro se congeló y gesticuló una expresión fría como el viento glaciar pero al mismo tiempo tibia como la muerte sorpresiva.  
Antes de dejar de ser, antes de dejar de vivir, escuchó la voz de Luciana en un eco profundo:


_ ¿Cristian? ¿Estás bien? ¿Qué pasa…? ¿Estás…?
Y luego, sintió como si su vida hubiese salido de su cuerpo.
Exhaló el aire que había en su interior y con él salió su alma.
Por un brevísimo lapso de tiempo, el cuerpo estático, como el de una estatua de monumento en una plaza, o el de un artista ambulante fingiendo ser una; quedó sin vida. Totalmente muerto, como si de un infarto fulminante y repentino se tratara el acontecimiento. Pero luego, a los agotados ojos de su esposa, Dios o una fuerza superior de carácter incomprensible, dio un soplo de vida. Uno muy distinto.