lunes, 30 de julio de 2012


Comodines Negros 2 por Luis Bernardo Rodríguez



Para leer el comienzo: COMODINES NEGROS I

                    
                                                           ¿No es irrisorio que el  azar dicte la muerte de alguien y que las circunstancias de esa muerte -la reserva, la publicidad, el plazo de una hora o un siglo- no estén también sujetas al azar?
                                         La lotería en Babilonia J.L Borges



Dispuestos con falta de dignidad, los cuerpos, parecen reflejar una brutal agonía. Las partes mutiladas aparecen distribuidas en distintos sectores de la casa. Se puede observar una mano, con sus tendones desprendidos, sobre una cama. Un ojo, con vetas rojas y violáceas, se ubica sobre la mesa como una mirada alerta a los forenses que entrarán en la escena a investigar. Algunas vísceras parecen señalizar senderos, para hallar los lugares donde cálidamente pertenecían.

Las fotografías pasaban por sus manos como en una partida de cartas. El contenido de las imágenes era de carácter confidencial. Estaban clasificadas bajo el nombre “Comodines Negros”. Así fue asignado al legajo correspondiente de la investigación policial.


Sebastián Larrosa, ya tenía la pruebas suficientes que demostraba que aquel incidente, donde cuatro jóvenes  murieron, no fue un suicido colectivo, ni pertenecían a ninguna secta como se pretendió endilgar. Aunque, desde su pequeña columna de deportes, no era la plataforma ideal para dar a conocer una verdadera bomba informativa, que no tenía precedentes en el periodismo nacional.

La realidad, es que la fuerza policial no podría conducir eficientemente ninguna investigación de estas características. Tampoco, el Estado ni sus poderes podrían conducir a salvo, ningún tipo de fatalidad masiva, catástrofe, epidemia o causante que desequilibre la apacible existencia que este lugar del mundo, en apariencia, ofrece.
Aquí se pueden realizar todo tipo de atrocidades y nadie entendería nada. Los medios difunden pero no informan, no hay investigación. La policía es corrupta por desidia, por costumbre. La política nacional tiene una estúpida expresión propias de las vacas y el proceder de los cerdos para engordar entre la suciedad.

Siempre se obtiene información por el medio más simple; la charla es la mejor vía. Gracias a Judith, él obtuvo esas fotografías que evidenciaban el encubrimiento del Ministerio de Defensa Nacional. Sebastián Larrosa estaba seguro que el motivo no tenía un trasfondo oscuro, se inclinaba a creer que se optó por enmasacar este hecho sangriento y aislado por la ineptitud para resolverlo y nuevamente dejar en evidencia la ineficacia que este país tenía sobre cualquier suceso extraño que perturbe la paz, que como país pequeño le gusta proclamar.

El cotilleo, el rumor, el llevar y traer es, en cierta forma, una manera de obtener información. Judith, sabía estar al corriente de varios temas y tenía una habilidad infalible para crear confianza y escuchar lo que (mediante circunvalaciones creadas y preparando el terreno) al final necesitaba saber. Es que, una relacionista pública (con la trayectoria de Judith) tiene la obligación de conocer a millares de personas, tratarlos como los mejores amigos y siempre mantener contacto con ellos. 
Solo estuvo en actividad durante cinco años, pero más que suficientes para dejar una huella y su presencia indeleble en las personas que conoció. Luego, se aburrió de ir portando el frío vaso de whisky y toda la acartonada ceremonia. Es que, si fuera por ella, hubiera continuado su prometedora carrera, pero interfería con su estilo. Entiéndase contra-estilo, a las camisas, falda y tacones. Ella siempre fue más informal.

El poder se basa en la anticipación, el dinero lo comulga pero la información lo potencia. Nadie es tan privado, ni reservado para ser un desconocido, que uno se transforme en el objeto de la mirada ajena es accidental o provocado pero nadie puede escapar (en caso de que la situaciones nos sitúen en medio de la atención) al anonimato y es que vamos dejando huellas por todos lados, incluso, sin querer.

Judith manejaba, a pesar de todo, una discreción absoluta ( aunque fuera tan evidente) que podía pasar por una inocente actividad. Una red de información tan amplia que era hasta grotescamente jocoso el procedimiento para ser miembro de su espacio.

Ella lucía oscura, rodeada de una nube de tul, pálida (casi muerta), con ojos vacíos pero una luz engañosamente intensa le daba algo de vida. Así se mostraba, amortajada entre ropas de cuero, brillos tenues y delineador. Así era su avatar, así era la imagen que ella presentaba al mundo como la anfitriona del blog.
En ese espacio; ella creaba reseñas, recibía elogios y críticas y conocía a muchas personas…
En apariencia, su blog versaban reseñas de libros, música y estrenos cinematográficos. Un lector común, encontraría buenas propuestas para las horas de ocio. Un miembro del blog, dejaría preguntas inquietantes en forma de comentario.
Es que aquellos que necesitaban de la habilidad comunicativa de Judith Rius, debían formular sus peticiones de forma concisa y encriptada.
Ella (como un oráculo), daría respuesta a los requerimientos.
El blog de Judith tenía un verdadero sentido del hermetismo, aquellos que realmente colaboraban lo hacían directamente con ella, siempre en clave pero visible, solo había que leer con atención.
Así fue, como Sebastián Larrosa entró en contacto con Judith. Cuando al leer un comentario, se percató del mecanismo y aportó, sin quererlo, la información que le solicitaban.
Ahora, él formulaba el pedido con el mismo sistema, mediante un comentario en la entrada de una novela que la blogger reseñó:

Judith, nuevamente veo
como has logrado
obtener mi atención,
me pareció una excelente novela.
Obviamente, hay gran posibilidad
de que la historia se transforme,
inmediatamente, en una continuación.
No hay un final contundente, nos deja
expectantes de una secuela,
seguramente se trasformará en una saga.
Nada es más maravilloso que
encontrarse con un
gran argumento como esta
reciente publicación. Recomiendo, como tú, esta
opción para disfrutar de una buena lectura
saludos, tu amigo Sebastián.

Así, quedó configurada la información solicitada, que entre los miembros del blog y la habilidad de Judith Rius al mover y consultar entre sus contactos, que le dio acceso a las fotografías que el joven periodista mueve entre sus nerviosas manos. Barajando la posibilidad de continuar esta investigación.
Quizás, no sea necesario la aclaración cual es el mecanismo dentro del simple comentario al post. Aquellos, que solo prestaron atención, solamente, a las primeras letras verán que conforman el nombre clave: Comodines negros.


ddddddddddddddddddddd



A seiscientos kilómetros de la capital, existe un observatorio destinado al estudio climático. Un centro bastante aislado de los pobladores locales, de la mirada y la supervisión.
Un teléfono suena y una voz, con tono grave y marcial, da las instrucciones de proceder.
El proyecto paranoia entra en una nuevo nivel de experiencia práctica...

5 comentarios :

Judith dijo...

Esta suuuuuuper buenisimo Luis, ya quiero saber como continua esta historia, unos personajes muuuuy interesantes y que desde ya me caen suuuuuper bien, porque sera ???
Me encanta !!!
Besos

El Gaucho Santillán dijo...

Amerita la continuaciòn ya!!



(Y con "zombies" tambien)


Un abrazo.

Luis Rodriguez dijo...

Gracias a ambos por el comentario. Voy a quedar debiendo los Zombies, cpáz que gauchos vampíricos funciona, no sé pero lo veré a su tiempo jeje

Teresa Oteo dijo...

Me gusta mucho, Luis.
Un asesino en serie, brutal al que las autoridades no son capaces de pillar por ineptitud o desidia, como dices tú, y Judith que en su blog con comentarios cifrados ayuda en la investigación.
No sabía de esto de lso Comodines negros, pero a partir de ahora me hago seguidora oficial.
Genial!!
Un beso.
Tere

Luis Rodriguez dijo...

Gracias Teresa, me deja muy contento que la historia te haya gustado, veremos como se desarrolla. Empezó como un simple relato, ahora seguirá creciendo...