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Agradezco calificar

miércoles, 11 de julio de 2012


Este jueves un relato: Cinco gotitas de sangre por Luis Bernardo Rodríguez

                     




Para tener una calificación aceptable tenía que realizar dieciocho de los treinta y seis ejercicios. Si bien estaba exhausto, un último esfuerzo lo pondría en carrera. Eligió el quinto, que por algún motivo había descartado.
Él, era el primero en reconocer sus carencias, se consideraba un estudiante mediocre aunque sus buenas calificaciones fueran producto de su disciplina y constancia. No era brillante, pero tenía el carácter para superar las más tediosas lecciones con soltura y sin quererlo; se vio rodeado de jóvenes con mayor potencial que él.

Finalmente, estaba frente a las hojas en blanco para comenzar una nueva prueba que le brindaría la beca para realizar sus estudios terciarios.
Económicamente, la posibilidad de asistir a la universidad no estaba a su alcance, ni en su familia, poder lograrlo.
Como solía ejecturar, frente a los exámenes y parciales, su procedimiento que se basaba en pura concentración, abstraído totalmente y dedicado a la resolución de las ecuaciones. Podía estar cayéndose el edificio sobre su cabeza, que hasta no sentir el impacto de algún bloque no salía del trance en el que se sumergía.
No percibió el murmullo, la voz del profesor ni las risas de sus compañeros. Seguía revolviendo posibilidades, aplicando variantes, buscando propiedades en su cabeza que lo encaminaran a la solución, pero toda parecía en vano. Estaba fallando y el tiempo se le escapaba.
Es necesario salir del problema para poder, desde otro ángulo, hallar la resolución. Cuando decidió tirar el lápiz para salir de foco sobre la ecuación , desvió la vista al reloj que le amenazaba con el aviso de los últimos cinco minutos. 
Toda la desesperación, le subió al cerebro. Entre números e incógnitas, se deslizó en un vaivén de palabras y recuerdos recientes. Entre la imagen de su padre y el orgullo que le confesó sentir por él. Según sus palabras; él era el único de la familia que había logrado llegar tan lejos y que aspiraba mucho más para su vida. Pensaba también, en el lejano título que lo encumbraría para brindar a su familia, un alejamiento de las carencias que vivían a diario y otras decenas de fotografías que llegaban como fulgores que lo obnubilaban, por lo imposible en que se estaban transformando. 
Estaba sufriendo y torturándose, caía la pesada carga como un ladrillo y del impacto emocional se desprendieron cinco gotitas de sangre. Formaban la cara de un dado sobre el papel blanco.
Cuando salió del salón escoltado por los paramédicos; dejando atrás a sus alterados compañeros, al nervioso cuerpo de profesores (que formaban la mesa examinadora) y la ecuación en el pizarrón...
Ésta aparece alterada, había cambiado. Ya no estaba igualada a cinco, ahora aparecía un vacío cero. En qué momento se había producido el milagro en el que había estado lejos. Ahora cierra los ojos para no pensar.

No te vayas 5mentar y hay más en el Blog ¿Y qué te cuento? de Juan Carlos

23 comentarios :

censurasigloXXI dijo...

Ay, amigo Luis, esa responsabilidad extra que exigen algunos progenitores es como un saco de piedras que no logra transportarse a veces. Otros tienen la espalda muy ancha y les cabe todo, pero otros no soportan excesivas cargas...

Un abrazo y un café.

Natàlia Tàrraco dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Natàlia Tàrraco dijo...

Menudas ecuaciones quintuplicadas en agonía casi mística.
5 gotas como cinco rosas rojas en un papel lleno de incógnitas, resolvió la angustia y, de premio, el reposo, la mente en blanco.
Nada ni nadie merece tanto sufrimiento, mientras, a la vera, faltan cinco pasos para alcanzar la vida, esa con problemas y dilemas asumibles, casi todos.
Luis, besitoooo y un mate o dos cafés.

Cecy dijo...

Cuanta presión se transita en un examen ya de por si. Y si a eso le sumamos los nervios y angustia de salvar el orgullo de los demás. Se hace un globo a explotar en cualquier momento.
Que bien has puesto su sufrimiento.

Un abrazo.

Fabián Madrid dijo...

Nunca se me han dado bien las matemáticas, ni el juego. Buen relato

Neogéminis dijo...

ayyyyyyyy las matemáticas!...a cuántos habrán hecho sufrir al punto de hacerles sudar sangre! jejeje...no fue ese mi caso, ya que por suerte,en mis épocas de estudiante los números y yo nos llevábamos bastante bien!

Un abrazo juevero.

Carmen Andújar dijo...

El cinco, el aprobado. Qué malo es sentir la presión, la losa de la responsabilidad, a veces no se puede superar.
Una historia sobre el cinco muy bien contada amigo.
Un abrazo

Natàlia Tàrraco dijo...

Añado...me deja patidifusa esa nominación a premio blog ¿de dónde ha salido? Menuda selección y yo dentro, menudo sonrojo, competir entre compañeros y compañeras siempre me da corte, son odiosas las comparaciones. Me quedo intrigada y a la vez, sorpresivamente contenta.

Pepe dijo...

Has descrito magistralmente la enorme tensión acumulada ante la hoja en blanco donde hemos de ir aportando soluciones, máxime cuando hay tantas y tantas esperanzas depositadas en ese aprobado. El orgullo familiar, la propia autoestima, la recompensa al esfuerzo, el pase becado a la Universidad, demasiadas expectativas para una mente que encima es poco brillante. No es de extrañar que tanta presión acabara en cinco gotitas de sangre sobre la hoja de examen.
Me ha encantado tu relato.
Un abrazo.

Pepe dijo...

Has descrito magistralmente la enorme tensión acumulada ante la hoja en blanco donde hemos de ir aportando soluciones, máxime cuando hay tantas y tantas esperanzas depositadas en ese aprobado. El orgullo familiar, la propia autoestima, la recompensa al esfuerzo, el pase becado a la Universidad, demasiadas expectativas para una mente que encima es poco brillante. No es de extrañar que tanta presión acabara en cinco gotitas de sangre sobre la hoja de examen.
Me ha encantado tu relato.
Un abrazo.

Pepe dijo...

Has descrito magistralmente la enorme tensión acumulada ante la hoja en blanco donde hemos de ir aportando soluciones, máxime cuando hay tantas y tantas esperanzas depositadas en ese aprobado. El orgullo familiar, la propia autoestima, la recompensa al esfuerzo, el pase becado a la Universidad, demasiadas expectativas para una mente que encima es poco brillante. No es de extrañar que tanta presión acabara en cinco gotitas de sangre sobre la hoja de examen.
Me ha encantado tu relato.
Un abrazo.

Teresa Oteo dijo...

Jo,Pepe ha presentado su comentario por triplicado jajaja qué ansioso! no nos dejas espacio a los demás jajaja
No se puede uno enfrentar a nada y menos a una prueba tan importante con esa carga de presión sobre los hombros, el cerebro reventó literalmente dejando esas gotas de sangre.
Muy bueno tu relato.
Un beso

Manuel dijo...

Nunca nos paramos a pensar el coste de la responsabilidad del sistema de becas. No se permiten fallos y eso es una carga muy dura de mantener a lo largo de los estudios que seguro deja surcos.
Un abrazo

G a b y* dijo...

Una historia de responsabilidad y sacrificio... y encima todas esas ecuaciones a realizar! Por favor, que suplicio! Es de admirar la seriedad con la que él había tomado no solo su prueba, sino todo lo que vendría detrás en caso de aprobarla.
No es fácil encarar desde esta perspectiva, pero a veces no queda otro remedio.
Muy buen relato!
Besos:
Gaby*

rosa_desastre dijo...

Angustiosos cinco minutos que me han tenido colgada de tu relato con un ritmo intrigante y tenso. El poder y el peso que tienen la responsabilidad familiar.
Un beso

Leonor dijo...

Qué bien narrado el relato! Me he sentido angustiada como si yo misma estuviera ante esa hoja de examen. Cuánta responsabilidad para un muchacho!. No sólo el poder acceder al estudio sino contentar a los que esperan tanto de él. Me ha encantado. Un beso.

Natàlia Tàrraco dijo...

Gracias amigo por tu aclaración en mi blog, no me cabe la menor duda de que el interés de éste, llamémoslo concurso, reside en una generosa, amable, intención por dar a conocer blogs, nada más, sin competiciones, al contrario.
Perdona, es que últimamente no me funciona bien ni el correo ni el ordenador, pero recibí tus correos. Reitero mi contento y las gracias por tu atención. Nos vemos amigo. Besito.

San dijo...

Un relato donde queda patente la angustia de quien se siente en la obligacion de ir al menos a por ese cinco, en estos dias queda perfecto, recien terminan los éxmenes, a alguno por un simple baile de un más o un menos, le espera septiembre !dura vida la del estudiante!.
Un abrazo.

Juan Carlos dijo...

Has descrito a un amigo mío del colegio. Él, en su concentración, además canturreaba, incluso en exámenes.
Al margen, leyendo este relato se siente esa presión que él vive, esa terrible sensación de impotencia ante la derrota.
Me ha gustado Luis, un abrazo.

Omar de enletrasarte y masletrasarte dijo...

aún me falta la raíz cuadrada, pero ya te digo que el relato está bueno
saludos

Montserrat Perez dijo...

Me ha tensionado tanto el relato que parecia disfrutar del principio de un relato dónde el asesino es el número cinco... uff... examen ... Saludos ! ;D

Sindel dijo...

Cinco minutos donde se concentra toda una vida de presión y exigencias. A veces no nos damos cuenta de que ponemos en riesgo nuestra salud tensionandonos tanto, tratando de cumplir con todo, de ser perfectos.
Justamente he pasado por esto en esto días, lo que me costó 5 días de internación y me apena no haber participado pero al menos estoy aquí leyendolos.
Un abrazo.

Gastón Avale dijo...

Muy buen relato. La exigencia de los padres y él absorto en resolver la ecuación, está genial... volví a mis años de estudiante... me sucedía algo similar, me abstraía de todo... hoy me cuesta concentrarme así! jaja.. un abrazo!