Octubre en LDU presenta: un nuevo aporte. Al final
de la entrada están los datos de la autora, a quien agradecemos su colaboración
en el especial.
LUCRECIA
Por CHARO CORTES
El día del entierro de su
abuela, Lucrecia se desmayó cuando el cura esparció agua bendita encima del
ataúd y empezó a salir humo apenas las gotas tocaban la madera. Nadie pareció
advertirlo excepto ella. Su madre lo achacó a la intensa emoción del momento
pero Lucrecia estaba segura de lo que había visto. La muerte de su abuela había
sucedido en extrañas circunstancias. Lucrecia la encontró tumbada en la cama,
desnuda, con los brazos en cruz y las piernas abiertas. Su abuela era joven y
guapa todavía, solo tenía 56 años y aún conservaba una larga melena negra con
algunas hebras blancas. Cuando Lucrecia la encontró muerta, su pelo era
completamente blanco y su cara tenía una expresión de horror indescriptible,
como si hubiera muerto de miedo. El médico certificó un ataque al corazón.
De eso hace cinco años
durante los cuales Lucrecia ha estado estudiando en Londres y recuperándose de
la etapa de sombras en que se había convertido su vida desde la muerte de su
abuela. Algo extraño había pasado pero todos habían hecho un pacto de silencio
para que ella no se enterara de nada. Lo presentía. Cuando regresó a la ciudad
decidió irse a vivir sola a la casa de su abuela que permanecía desocupada, en
contra de la opinión de su madre que quería que se fuera a vivir con ellos.
Es una casita de planta
baja, situada en un principio en las afueras de la ciudad pero que ahora queda
muy cerca del centro y que no ha sucumbido a la especulación inmobiliaria, algo
inaudito teniendo en cuenta que es la única de sus características que queda en
la zona. Cuando esta mañana ha cruzado la puerta por primera vez después de tanto tiempo una
gran congoja se ha apoderado de ella al momento. Son tantos los recuerdos que
se agolpan en su cabeza que incluso le parece sentir en cada rincón la
presencia de su abuela. Siempre habían estado muy unidas hasta que la extraña
muerte se la llevó. Mientras estuvo en Londres ni una sola vez había vuelto a
la casa, su madre se había encargado de retirar toda la ropa, muebles y enseres
demasiado viejos o estropeados para una casa que pensaban alquilar. Es una
suerte que nadie lo hubiera hecho. Ahora, sumida en un ataque de llanto, no
está segura de haber tomado la mejor decisión de su vida.
La cama que ocupara su
abuela en vida ha sido cambiada por otra más moderna y ligeramente más pequeña
por lo que las losetas que antes estaban ocultas ahora quedan al descubierto.
Una entre las demás ha llamado poderosamente su atención. Cinco manchas negras
del tamaño de un céntimo de euro formando un círculo. Aunque ha intentado limpiarlas, al principio desaparecen pero una vez el suelo se seca vuelven a
salir.















