jueves, 2 de agosto de 2012


Este Jueves un relato: "El tiempo en el tiempo" por Luis Bernardo Rodríguez

"Mi nombre es Joi"

Nadie puede darme lecciones de lo que es el tiempo. No hay reflexiones que no conozca de lo que se sufre al ver esta degradación, a través de tantos años...
Ustedes y sus juegos de palabras no me convencen, yo tengo tantas horas vividas como palabras hay escritas.
Mi nombre es Joi, natural de Anina y fui prostituta en cientos de esquinas; en avenidas, en lupanares de mala muerte, en refinados salones de París, fui Pornai en El Pireo y mercancía accesible en la red.

No es un castigo mi existencia, aunque esté condenada al derrotero de cuerpos que transitan por mi.
Dejaré de hablar acerca de mi persona, solo les diré; que no soy la mujer más hermosa pero si la más deseada. Mis caricias y mi arte, me han granjeado algunos poemas célebres y algunas ficciones destacadas. Supe enloquecer entre mis brazos a varios genios y otros no tanto.

Un insignificante episodio vivido en Londres (más exactamente en Whitechapel), vino a mi extensa memoria y me impulsó a participar en vuestra convocatoria. Es que, prácticamente, me han llamado ustedes...

Con las dos referencias que dí, no hace falta ampliar de cual personaje siniestro hago referencia, ni es necesario remontarme al año exacto (1888, aunque siempre hay algún distraído).
Lamentablemente, esa noche padecía una leve fiebre y  jaqueca, que me demoró el sueño, antes de salir a la calle. Eran apenas unos minutos pasadas las 2:30 del 31 de Agosto.
Me empolvé un poco el rostro, para atenuar mi achacoso estado.
Mi repentino padecimiento, fue uno de los pocos sucesos inusuales, ya que no suelo enfermarme. Era tan solo un malestar, algo equivocado en mi historial.
De todas formas, al salir al encuentro de Daithi o David  (era proxeneta o capo de origen Irlandés de varias chicas de Brick Lane en Spitfields), que en vez de recibirme halagador como siempre (hasta ese momento era su favorita), me propinó un golpe que dejó una contundente marca en mi mejilla. Me insultó por haragana y me prohibió caminar por las esquinas de la calle Osborn y Whitechapel Road. Informándome que tenía una chica que se conformaba con ganar, al menos, cuatro peniques para la cama en en Thrawl Street y que sería mucho más fiable que yo.


Hacía un año y medio que me había instalado en Londres, era tiempo de marcharme. Así que, volví al alojamiento, armé mis maletas y me disponía a salir temprano ese mismo día hacia París. 
A las 5:30 me desperté con un fuerte dolor en el estómago del que rápidamente me sentí aliviada. Llegué a la estación a las 6:40 para despedirme de la ciudad. 
Mary Anne Nichols sufrió, por mis cinco minutos de atraso, una muerte hasta ahora recordada. 

Quizás, vuelva cuando convoquen mi nombre para contarles otra de mis vivencias. Tengo tantas, pero dependerá si quieren leerlas...










15 comentarios :

Esilleviana dijo...

La reencarnación del espíritu es el enemigo antogónico del tiempo.

:)
Un saludo

ps: gracias por tu correo.

Esilleviana dijo...

perdón: antagónico...

:)

Natàlia Tàrraco dijo...

Joi ¿quién te da lecciones? Basta tu vida con su tiempo, sobran palabras dichas o escritas.

Luís, en una vida que se repite, sea en Londres o en París, llámese cómo se llame, nunca será exactos ni calcados los minutos de sus tiempos. En todas partes hay esquinas haga el tiempo que haga.
Besito veraniego, aún. Que tengas feliz invierno.

Neogéminis dijo...

Cuando no se conocen más que momentos de dolor, cuando no hay días felices ni recuerdos buenos, filosofar sobre el tiempo y sus matices difícilmente resulte inspirador y nutritivo.
Hay vidas marcadas con una perpetua cruz...muy triste.

Un abrazo muy juevero, Luis.

Carmen Andújar dijo...

Aquí el tiempo pasa lentamente, no se acaba nunca y las escenas se repiten y repiten antes y ahora, no cambia nada.
Buen relato

Pepe dijo...

Sus cinco minutos de retraso la libraron de la muerte a manos de Jack el Destripador. A veces el tiempo y sus circunstancias tienen una importancia vital en el devenir de nuestra existencia.
Me ha encantado tu historia.
Un fuerte abrazo.

Teresa Oteo dijo...

Vaya! Si este jueves ha acudido puntual a la cita nada menos que Jack el destripador. Bastan unos segundos para cambiar la historia, así de relativo es todo...
Muy bueno y original tu relato.
Besos

Maria Liberona dijo...

vaya, vaya...
buen relato, segundos , minutos que nos libran de la vida o de la muerte ja

San dijo...

Solo bastan unos minutos para cambiar el destino para bien o para mal. Buen relato, tristes vidas.
Un abrazo Luis.

Matices dijo...

Y la suerte está echada, los dados trucados o no fueron a su favor para darle esquinazo a la muerte... sin embargo, su vida se debatía entre el bien y el mal, siempre en el filo de la misma...

Gracias por acompañarme este jueves..
Besos

Manuel dijo...

Mas veces de lo que pensamos 5 minutos cambian una vida, aunque todo cambio afecta a mas de un sujeto aun sin saberlo.
Un abrazo

Sindel dijo...

Un instante puede cambiar toda una vida, a veces casi sin darnos cuenta.nos salva o nos condena. Así de imprevisible es el tiempo.
Muy buen relato!!!
Un abrazo enorme.

Gastón Avale dijo...

ah... sublime... me encantó el relato! en cada instante de la vida, en cada decision se plantean tantos universos y futuros y nos deparan tantas cosas que... todo puede acabar así... sublime! :D un abrazo!

casss dijo...

Y te podemos encontrar en Colonia y Rondeau o en Propios y Bell. Todo es posible... pero a quien se lo voy a decir!!!

Un fuerte abrazo, bien celeste.

rosa_desastre dijo...

Llego tarde, cinco dias tarde, muchas horas, minutos, segundos tarde...pero es el tiempo justo de disfrutar de tu relato. Para qué medir.
Un beso