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sábado, 11 de septiembre de 2010


Relato: Un artista callejero

Un artista callejero.

-¿Hace cuánto qué usted tiene esta habilidad?
- Desde que yo recuerdo. De niño podía quedarme en la quietud total. Pensé que a todos les gustaba mi número; lo sentía como un don artístico pero, con las sucesivas demostraciones, veía en sus ojos que algo les disgustaba. Me observaban como un anormal o, encontraban en mi capacidad de petrificarme, tan quieto que parecía una estatua, algo que no estaba bien. Sentía un reproche en sus miradas. Luego, tomé la resolución de continuar mis prácticas a solas en mi habitación. Pasaba largas horas estático y respirando imperceptiblemente. Logré, dominar el efecto de vacio en los ojos, ensayando frente a un espejo. En pocas palabras alcancé, una máxima perfección.
- ¿Actualmente se gana la vida como artista callejero?
- Exacto.
-El viernes pasado; ¿podría decirnos que estuvo haciendo durante las catorce y las dieciséis horas?
-Eso ya lo contesté, quiero saber por qué me siguen reteniendo.
***
 Llegué, con las fotos del último paseo y me puse a ojearlas, me quedé fascinado de lo perfectos que nos veíamos juntos, me sonrojé por la idea. Todos concordaban, en que mostrábamos una armonía que nos envidiaban; “parecen tan felices” decían los conocidos, y lo éramos de hecho. Mis amigos, en tono de broma me felicitaban por encontrar a la mujer perfecta. Además de ser muy atractiva; de que regalaba siempre sonrisas y muy trabajadora. Tenía la delicadeza de poseer una virtud, que a sus esposas le faltaba, ser sordomuda. Me molestaba mucho ese comentario, porque siempre la escuchaba hablar en mis sueños y, su voz era tan dulce, en especial cuando dice que me ama.
 Nunca la vi tan desencajada, estaba histérica y no podía leer mis labios pidiéndole calma.  No podía explicarme que estaba sucediendo. Movía los brazos, como aspas de un ventilador y sus dedos temblaban, haciendo incomprensible el mensaje.
 Me costó mucho, adaptarme al lenguaje de señas después de comenzar la relación. Le pedía que fuera lenta en los movimientos, porque no podía hilar lo que a veces, por excitación me quería transmitir. Habíamos inventado una forma de decirnos “Te amo”. Élla, tocaba mi mentón y se señalaba dos veces”, era irrisorio porque la adaptamos por accidente.
 Ahora, ella se alejaba del estado alterado y cae en un sopor, que la lleva a recostarse contra la pared, en grado de absoluta concentración. Ensimismada, con la mirada perdida.
 Observaba la pared que estaba a mi espalda, parecía que alucinaba, como si los colores que elegimos hacía un mes, la hubieran abducido hacia otro lugar tan lejano del hogar (qué podía estar amenazando en nuestra propia casa). Cierto es que las cuatro paredes, por capricho, habíamos decicido que cada una tuviera, su propia impronta cromática. Excepto en la que estaba detrás de mí: El color era, un maríz mas calro que la borra de vino, le diseñamos unas líneas grises que se cortaban de forma arbitraria. Pensábamos, colgar la puerta de un placar desvencijado que tenía un espejo. Le daría un toque surrealista, la ilusión de se abría otra dimensión.
 Seguía con la mirada perdida. Al ver las fotografías, desparramadas a esa altura por todo el revuelo, cotejé su rostro con la imagen revelada, eran idénticas. Una especie de horror que intentaba disimular, su cara decía que algo le molestaba por lo anormal. En esa instantánea, ella miraba de reojo a la estatua viviente, casi pétrea, que luego la sorprendió cuando adquirió movilidad para saludarla. Ella retrocedió por pánico en ese momento.
 La mujer, suspendió aquella expresión de temor absorto, para llevarse las manos a la cara.
 Observó que la pared enfrente de ella, adquiría forma humana. Como si a ese paredón, le crecieran brazos o, más bien un hombre saliera del mimetismo de colores y forma plana, para lanzarse al ataque.
***
 Los dos detectives se servían café, el más viejo continuaba dándole vueltas al asunto.
- Déjalo ya, el hombre tiene su cuartada. Hay cientos de testigos, que lo reconocen y estuvieron en ese festival de artistas callejeros. Incluso, están las fotos cuando recibió el premio en ese certamen.
- Sí, exacto. En ese momento se encontraba para recogerlo, a pocas cuadras de la escena. Apostaría mi placa, que él nunca estuvo presente, al menos mientras duró su presentación.

Por  Luis Bernardo Rodríguez

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