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sábado, 31 de octubre de 2015

Octubre en LDU 2015: El último grito

               

Quiero agradecer a todos lo que hicieron posible este Octubre en LDU 2015. A los 7 autores, que apenas anuncié el regreso de esta propuesta Y se ofrecieron a crear algo para el especial.

Ellos fueron:



video


Obviamente, a los escritores y bloggers que en ediciones pasadas (y que estuvimos recordando) colaboraron y fueron los responsables indirectos de crear el mes del terror de este año.

Esto es el ÚLTIMO GRITO y es una forma de decir hasta el 2016. Porque el terror nunca muere jajaja (con tono diabólico y muy malvado).
Por cierto, aprovechen a leer (que si bien este trabajo colectivo permanece en el blog, hoy es el gran día para dejarse cautivar por el género de terror y suspenso) y dejo el enlace del Calendario Octubre en LDU 2015 que finalmente quedó completo:


Tengan dulces sueños y aprovecho este grito final para avisar que en Noviembre estaré participando en otras propuestas, visitando blogs y comentando. En Diciembre haremos un mes conceptual con Mr. Deadly. Espero que me acompañen y veremos que nos depara el 2016!!!


Octubre en LDU 2015 (Bonus track): AUTOR X



Sombras
de
la noche


Ya es casi de madrugada cuando por fin he podido terminar ese trabajo urgente que mañana hará feliz a mí jefe. Miro la hora que me confirma lo tarde que es. Me arreglo deprisa y cierro aliviado la puerta del despacho. Parece mentira, pero hasta que no piso la calle no caigo en la cuenta de la cantidad de horas que llevo encerrado en aquella oficina delante del ordenador, de lo agotado que estoy y de lo mucho que necesitaba saborear el aire fresco. Camino, respirando la noche con tanta parsimonia que el autobús que debía de coger se marcha vacío de la parada. Enojado conmigo mismo salgo detrás de él agitando con frenesí las manos y gritando para que se detenga, pero no lo hace. El conductor o no me oye o no quiere oírme, aunque sí que me parece ver sus ojos fijos clavados en mí a través del espejo retrovisor y como una irritante sonrisita aflora a sus labios. Tras un buen rato persiguiéndolo desisto, no hay manera humana de alcanzar ese vehículo que vuela más que corre por la desierta avenida. Maldiciendo, me agacho con las manos sujetando mis rodillas y resoplando con pesadez, necesito tomar aire. Pienso en que la he hecho buena, éste era el último autobús y viviendo al otro lado de la ciudad no me queda otro remedio que coger un taxi o ir caminando. Saco la cartera. Como siempre, no queda dinero en ella. Rebusco entre mis bolsillos y solo consigo reunir tres miserables euros; un taxi a esas horas cuesta unos doce. Resignado me digo que quizás no sea tan mala idea regresar a casa andando. Estoy cansado, pero hace una noche estupenda con una hermosa luna llena, ideal para pasear relajadamente y pensar. Al fin y al cabo en casa no hay nadie esperándome.

Las calles permanecen desiertas y en silencio, solo roto por unos gritos lejanos producto sin duda de alguna pelea. Me cruzo con alguien que, como yo, agacha la cabeza con recelo mirándome de reojo, y con un mendigo que arregla sus cartones en el chaflán de un comercio. Miro el reloj, la una y diez, llevo veinte minutos caminando y aun me quedan otros tantos. La tranquilidad empieza a romperse cuando escucho el eco, amplificado por el silencio, de unos pasos desacompasados detrás de mí. No miro hacia atrás porque no quiero expresar temor, pero la realidad es que ya he girado dos manzanas y el insistente sonido de esos pasos a mis espaldas comienza a ponerme un poco nervioso.

Discretamente acelero la marcha. El murmullo de las pisadas también se acentúa. Giro una avenida y me escondo en un portal. Quiero aguardar a que mí perseguidor pase de largo. Espero un par de minutos, pero no pasa nadie. Salgo del patio y me asomo. Está desierta. Noto que estoy sudando y me rio de mí mismo al caer en la cuenta de que he pasado un poco de miedo. —La oscuridad está llena de temores y de ruidos — pienso. Algo avergonzado silbo mentalmente una canción para intentar relajarme, pero la calma dura poco, enseguida vuelvo a escuchar otra vez pasos detrás de mí. Esta vez sí, esta vez me giro de golpe y me parece ver como una silueta se escabulle entre las sombras de la apenas iluminada acera. No sin cierto temor me acerco. Es un callejón oscuro. La respiración se me acelera enormemente. Saco el móvil e intento hacer algo de luz. Busco, pero allí no hay nadie. Inspiro profundamente y guardando el móvil salgo del callejón. Creo que me estoy volviendo paranoico

Después del susto sigo vagando por las calles despobladas, intento calmarme tras caer en la cuenta de que en realidad no ha pasado nada, todo ha sido producto de los miles de ruidos producidos por la propia noche y amplificados por mi enorme sugestión. Hoy ha sido un día largo y sin duda estoy más cansado de lo que creía.
De pronto vuelvo a oír de nuevo los pasos, pero ahora no escucho uno si no muchos pasos a la vez. Me giro y mi inquietud se transforma en pavor cuando veo perfectamente como un grupo de  figuras rechonchas y sin forma definida avanza a paso ligero hacia mí. Sin preguntarme siquiera de donde han salido salgo corriendo. Ellos también aceleran su marcha. Ahora sí que estoy verdaderamente asustado y siento que no puedo pararme. El corazón me late con furia y corro todo cuanto puedo. Logro mantenerlos a distancia. Cada poco giro la cabeza y los veo detrás de mí persiguiéndome, sigilosos e inexorables. Al cabo de varios minutos siento que tengo la garganta seca y entonces caigo en la cuenta de que estoy gritando con todas mis fuerzas. Corro, maldigo y grito cuanto puedo. Noto como el cansancio se va apoderando de mí. Mis piernas se vuelven de corcho. Me caigo. Como puedo me levanto y continúo corriendo. Sudo, lloro, grito. Vuelvo a mirar. Las sombras siguen detrás, incansables y jugando con mi terror. No alcanzo a distinguirlos porque en ningún momento se acercan lo suficiente. Con angustia veo que comienzan a salir más figuras de otras calles que me obligan a desviarme por callejuelas poco iluminadas. Mi cuerpo y mis piernas aguantan por pura supervivencia. Siento mis venas y arterias hinchadas, densas e inundadas de puro pánico. El flato en mi costado me duele enormemente y el corazón parece a punto de estallarme. No hay un alma por ningún sitio, no pasan coches, las luces de ventanas y balcones están apagadas, nadie se asoma a pesar de los gritos, no sé qué ocurre, no sé quiénes son ni porqué me persiguen, sólo sé que no puedo dejar de correr.

Al fin me siento tan exhausto que casi me arrastro, a punto estoy de desistir y abandonarme cuando al atravesar uno de aquellos pasadizos sin apenas iluminación, algo o alguien salido de la nada me golpea con fuerza lanzándome a varios metros. Pierdo el conocimiento.

Muy despacio voy abriendo los ojos. Noto como la fresca brisa de la noche humedece mi cara. Me siento aturdido, pero casi no tengo dolor y el cansancio parece haber pasado. Por un momento creo que todo ha sido una pesadilla, producto de un día tan pesado. Me devuelve a la realidad un olor nauseabundo que impregna por completo el ambiente; una figura tapona mi visión de las miles de estrellas que pueblan el cielo. Mareado como estoy muevo los ojos intentando distinguir entre la difusa luz. Cuando logro ver, el horror se instala definitivamente en mi cabeza. Lo que tengo delante de mi vista es un ser deforme y grotesco de apenas medio metro. Sus brazos, pequeños y llenos de bulbos, contrarrestan con unas manos grandes y poderosas, terminadas en unos dedos unidos entre sí por una especie de membrana, y su cuerpo, abultado y repulsivo, está envuelto en sucios harapos. Pero es su cabeza la que de verdad me llena de espanto. Es rugosa, deforme y desproporcionada al resto del cuerpo. Dos grandes agujeros en el centro de su cara se mueven de manera espasmódica encogiéndose y produciendo unos desagradables silbidos y lo que parecen ser su ojos están completamente separados y ocultos entre un mar de pliegues. De su boca, que raja de parte a parte toda su cara, sobresalen grandes y negruzcos dientes y entre ellos borbotea un líquido gelatinoso y rojizo que chorrea encima de mí. Es un ser subhumano y ancestral, semejante a un repugnante batracio.
Y me habla. En realidad no mueve la boca, pero mi cerebro se inunda de palabras que hablan de oscuridad, de edades remotas y de la adrenalina producida por el miedo como sustancia vital. Torbellinos de frases cuentan su historia y retumban en mi mente que lentamente se va apagando, es entonces cuando un minúsculo rayo de la hermosa luna llena me permite ver como un montón de seres repulsivos y deformes se disputaban entre sí el festín de mis últimos restos. Dentro de unos segundos no quedará nada de mí que pruebe que un día caminé sobre la tierra y bajo el sol. Pronto, lo que un día fue mi cuerpo formará parte del ciclo de unos tiempos arcaicos ya olvidados.




Es hora de develar quién se esconde detrás de las sombras y desde el misterio absoluto nos escribió este magnífico relato…
Este autor tiene una novela muy personal, varias antologías en la que participa y otras en las que ha sido el creador. Vamos a ir desglosando a través de los enlaces que invito a visitar estos proyectos. Comenzamos con su blog personal:


Si visitaron el sitio ya descubrieron al autor pero igual mantengamos el misterio…
Ahora invito a dar “me gusta” a la página oficial de su reciente novela:


Por último, también comentar que participa de la brutal antología llamada “Umbral a la locura” que se presenta el 7 de Noviembre en la Feria de Valladolid (España) en el marco de la convención de Castilla y León Cylcon 2015 y que su relato se titula UN VIENTO EN LA PENUMBRA.

Obviamente, espero que todos visten los sitios que mencioné y se dejen atrapar por el talento que nuestro Autor X posee.
Vale la aclaración que todos los enlaces que agregué al final de cada colaboración acceden a la compra de las publicaciones que nuestros autores están promocionando. Está de más decir que si se sintieron intrigados por ellos y sus historias, sería genial que adquieran sus libros. Todas las entradas tienen el sello de calidad LDU, es decir: vayan a comprarlo ya!!!! (aclaro que soy lector de estos autores y certifico la calidad innegable de sus trabajos, jaja)


Dicen que una imagen vale más que mil palabras, así que es hora de adjudicar el último aporte en el mes del terror a…





viernes, 30 de octubre de 2015

Octubre en LDU 2015 (semana final): CHARO CORTÉS



PARECÍA TENER 
VIDA PROPIA

 Antes de abrir los ojos, Adriana ya sabía que algo no iba bien. Sentía su cuerpo diferente pero pensó que podría ser efecto de la resaca. La noche anterior se había pasado con el alcohol y la nueva droga que estaba haciendo furor en el mundo de la noche. Vagamente, recordó haberse ido a casa de una chica que había conocido en un pub para lesbianas. Notaba un cuerpo caliente y pegajoso al lado del suyo. Poco a poco abrió los ojos temerosa de lo que iba a encontrarse. El cuerpo con el que compartía lecho no la asustó, lo que sí la asustó fue el suyo propio. Una mano grande y peluda parecía ser el final de su brazo. El corazón le dio un vuelco y encendió una pequeña lámpara que había en la mesilla. Miró su cuerpo desnudo y se horrorizó. Sin duda todavía estaba dormida porque lo que estaba viendo no podía ser verdad de ninguna manera, pero si no lo estaba del todo, en ese momento sus sentidos se despertaron de golpe, levantó las sábanas y observó unas piernas grandes y velludas que terminaban en unos enormes pies que no reconocía como suyos pero que se movieron con las órdenes de su cerebro. La pesadilla continuó cuando, atónita, vio como debajo de su prominente barriga también cubierta de espeso vello negro apareció un pene erecto. Al borde del ataque cardíaco tocó sus pechos para comprobar que su suave redondez  se había tornado en algo áspero y flácido. Un gritó intentó salir de su garganta pero consiguió retenerlo haciendo un enorme esfuerzo. El cuerpo de la mujer que estaba a su lado se volvió hacia ella permitiéndole verle el rostro. No tenía la más mínima idea de quién era pero pensó que sería mejor no despertarla. Salió de la cama decidida a encontrar un espejo donde poder mirarse la cara. Había ropa tirada por el suelo de la habitación, reconoció la minifalda, la camisa negra y los zapatos de tacón que llevaba la noche anterior, pero era imposible que pudiera ponerse esa ropa ahora ya que su envergadura era casi el doble.
   Cuando se miró en el espejo del cuarto de baño su desolación fue total al comprobar que la cara que le devolvió el otro lado era la de un hombre o algo similar, con los ojos hundidos, las cejas grandes y pobladas, la mandíbula cuadrada y una barba espesa que casi le impedía ver una boca de labios finos. Las lágrimas empezaron a caer por su mejilla. Su cuerpo, antes femenino, voluptuoso, suave y estilizado, se había  convertido en el de un hombre que más parecía un mono dada la gran vellosidad que recubría todo su cuerpo.
   Esto había sucedido hacía tres semanas y hasta la fecha nada había cambiado. Cada mañana, cuando despertaba, Adriana se tocaba ansiosa entre las piernas con la esperanza de que esa parte de su cuerpo hubiera desaparecido pero no solo no lo había hecho sino que además parecía tener vida propia y la obligaba a cumplir con ciertas exigencias. Su miembro se despertaba duro y enhiesto como el mástil de una bandera y Adriana sentía una enorme ansiedad por liberar lo que llevaba dentro, acariciándose con frenesí hasta que el líquido blancuzco se derramaba sobre su mano. A veces, también sentía ese impulso incontrolable a otras horas y en otros lugares que la obligaban a buscar unos baños o algún rincón apartado para masturbarse. Había dejado de viajar en metro, porque la simple visión de algún cuerpo femenino tan cerca de ella que hasta podía oler el aroma de su sexo, la hacía excitarse de tal manera que tenía que bajarse inmediatamente pues una fuerza imparable que le nublaba la mente intentaba acercarla hacia ese cuerpo para apretar su miembro contra él y calmar así el  dolor que le producía la tremenda erección. Durante un tiempo fue capaz de dominarlo pero un día el deseo era tan grande y tan imposible de doblegar  que se acercó a una chica que estaba de pie sujeta a la barra del vagón y arrimó el bulto de su bragueta a sus nalgas enfundadas en unos tejanos. En ese momento sintió un ramalazo de placer en la boca del estómago, se acercó más a ella y empujó  aprovechando el movimiento del metro. La chica se dio cuenta y empezó a dar voces insultándola, siendo secundada por algunas personas que la increpaban y la obligaron a bajarse en la siguiente estación. No volvió a viajar en metro pero no olvidó esa sensación de su miembro duro empujando el culo de la mujer y esa imagen empezó a introducirse en su cabeza hasta el punto de que le impedía dormir y tenía que masturbarse hasta cuatro o cinco veces solo durante la noche, a lo que se sumaban otras tantas durante el día. Un sentimiento de rabia y de rechazo hacia un físico que le repugnaba y especialmente a ese apéndice que la tenía esclavizada, comenzó a apoderarse  de su mente pero era incapaz de resistirse al urgente deseo de masturbarse que la corroía por dentro. Había dejado de levantarse de la cama excepto para comer algo cuando el hambre además de la constante excitación devoraban su cuerpo. Pasados unos días, cuando la comida de su frigorífico se acabó e incapaz de salir de casa por temor a que su deseo compulsivo la obligase a hacer algo que no pudiera controlar,  ni siquiera se levantaba al baño para cubrir sus otras necesidades fisiológicas y su cuerpo permanecía tendido en una mezcla putrefacta de orines, semen y excrementos, mientras  ella se debatía entre las alucinaciones producidas por su estado febril y enajenado.

         Cuando Adriana, encerrada en un cuerpo de hombre que parecía vivir únicamente para satisfacer un deseo sexual que la imposibilitaba dejó de respirar, su miembro lleno de llagas purulentas e infectadas siguió desafiándola permaneciendo erecto cuando  la policía, avisada por los vecinos del olor nauseabundo que salía del piso, echó la puerta abajo y entró en la habitación.



Quiero agradecer a la autora del relato que terminaron de leer por siempre contar con ella en mis propuestas. También por el libro (que estaremos hablando muy pronto sobre él) y la hermosa dedicatoria que me envió.
Además de “También hay caballos blancos” su primer libro ha participado en la antología de la Asociación de Castilla y León de Fantasía Ciencia Ficción y Terror.
También formará parte de un gran colectivo literario (con nombres conocidos en LDU) llamado “Umbral a la locura”.
Aquí dejo todos los enlaces de interés sobre Charo cortés y reiterar mis agradecimientos por acordarse de Letra digital Uruguay.



jueves, 29 de octubre de 2015

Octubre en LDU 2015 (semana final): KARINA SINDEL AVEFÉNIX



EFECTOS 
COLATERALES

 Hacía meses que Ezequiel se había quedado sin empleo.  Estaba a punto de darse por vencido cuando vio el anuncio en internet.  Sin perder tiempo envió un correo electrónico con sus datos para concretar una entrevista. De inmediato le respondieron que lo esperaban al otro día a primera hora.
 Le llamó la atención que el lugar en el que lo habían citado para la entrevista fuera una casa. Apenas tocó el timbre lo recibió una señorita que lo condujo hasta un consultorio. Allí lo aguardaba un hombre que se presentó como el Dr. Otero.
 Luego de las formalidades el Dr. le explicó que ese lugar era un laboratorio en el que estaban trabajando sobre una nueva droga  para curar el Alzheimer.  Pero que, como estaba en la primera etapa de la investigación, necesitaban voluntarios para ir estudiando los resultados.  Si él  se ofrecía a colocarse una dosis de prueba recibiría a cambio una tentadora suma de dinero.  Le hizo leer unos formularios en los que figuraban los efectos colaterales conocidos hasta ese momento de la dosis, que consistían en una leve pérdida de memoria, anorexia, cambios de humor y somnolencia durante los primeros diez días, luego, al ir acostumbrándose el cuerpo, todo eso quedaría superado y volvería a sentirse bien.  Pasado ese tiempo tendría que volver para un control y dejar asentado si había sentido algo nuevo.
 Ezequiel aceptó  la propuesta, firmó los formularios y le aplicaron la dosis. Pasó por la recepción para retirar el efectivo y se fue.
 Ese día no se sintió tan mal, solamente muy cansado.  Se recostó antes de cenar en la cama quedándose dormido hasta el día siguiente en el que despertó completamente desnudo y con dolores en todo el cuerpo. Tenía la sensación de una fuerte resaca, pero juntando fuerzas se levantó. No tenía casi apetito, comió unas galletas y luego volvió a la cama.
 Otra vez volvió a despertarse al día siguiente, esta vez con la sensación de haber tenido pesadillas espantosas que no podía recordar. Se obligó a levantarse, tampoco tenía apetito, fue a la cocina a tomar un poco de agua y encendió el televisor. Todos los canales daban noticias que lo angustiaban. Lo apagó de inmediato hecho un mar de lágrimas. Cuando iba a volver a su habitación vio que el piso de la cocina estaba marcado de pisadas, muchas, que iban y venían, desde la puerta de servicio hasta el refrigerador. Supuso que eran suyas, tal vez en estado de somnolencia había salido para algo. Pero esos ratos quedaban perdidos de su memoria. Como pudo limpió y volvió a la cama.
 Así pasaron los primeros diez días, de la cama a la cocina, sin acordarse como llegaba a dormirse, sin comer, desconectado de los noticieros, limpiando algunas veces pisadas y sin recordar demasiado de lo que hacía en los ratos en los que estaba despierto.
 El día once amaneció diferente. Había tenido pesadillas y aun no las recordaba, pero estaba más animado. Encendió el televisor y subió el volumen para escucharlo mientras se daba una ducha, no recordaba cuando lo había hecho por última vez. Se miró en el espejo, estaba muy delgado. En uno de sus hombros tenía una marca, un tatuaje que no recordaba haberse hecho. Empezó a preocuparse por esas lagunas mentales que lo habían alejado de la realidad.
 Desde el televisor llegaban las noticias. Un robo millonario en la casa de un actor, campañas políticas por las elecciones,  el hallazgo de la prefectura que había encontrado  flotando en el río cinco cuerpos de mujeres envueltos en bolsas y  sin cabeza; y por último el terrible atentado a una escuela que hasta ahora nadie se había adjudicado. Después por fin vinieron los comerciales.
 Volvió a sentir una terrible angustia. Se dio cuenta que había vivido diez días en el limbo, sin enterarse de nada. Sin vivir.
 Empezó a sentir en su estómago una sensación de hambre.  Cada vez con más fuerza se anunciaba el apetito.  Miró la hora y vio que ya era el mediodía. Comería algo y después iría al laboratorio para hacerse el control.
 Fue a la cocina  y comenzó a buscar en las alacenas algo para cocinar, había poca cosa. Pero se acordó que el día anterior a ir al laboratorio había comprado unas costillas de cerdo que no había llegado a comer. Se le hizo agua a la boca.  Desesperado abrió la puerta del refrigerador. Las costillas no estaban. No había nada de comida. Pero había algo. Eso que él había guardado durante sus lagunas mentales.
 De pronto empezó a recordar… Las pisadas… Las pesadillas…

 Desde el interior del refrigerador,  perfectamente acomodadas, las cabezas de cinco mujeres  envueltas en bolsas transparentes lo miraban fijo con los ojos abiertos y congelados por el horror.


El relato que leyeron pertenece a KARINA SINDEL AVEFÉNIX. O su verdadera identidad KARINA DE PAOLO 

Ella es otra del grupo selecto de escritores que tiene la responsabilidad de dar el cierre triunfal a este Octubre en LDU.
Ha colaborado en anteriores ediciones y desde su blog creo una propuesta llamada “Contando las palabras” que además tuve el gusto de participar.
Fue la ganadora de la 3ª edición del Premio B y está ligada al blog con la reseña especial que realizamos y espero que la lean para descubrir su espacio.
Le agradezco su participación en este nuevo especial y espero que sigamos en esta senda llena de palabras, poesía e imaginación. Muchas gracias e invito a todos pasar por su espacio:


miércoles, 28 de octubre de 2015

Octubre en LDU 2015 (semana final): TERESA OTEO IGLESIAS



SECUELAS
LETALES

Temía la llegada de la primavera. Cada año era peor que el anterior. Mi cerebro trataba de controlar aquellos bajos instintos pero el borboteo de la sangre alterada bajo los efectos de la nueva estación era irrefrenable.
Mis deseos de matar me superaban. Nunca supe la causa de mi mal. Tenía derecho a saber que en aquella transfusión recibía la sangre de un asesino.


NO
CORRAS

No sé por qué corría  por aquellas calles desiertas en plena noche y en pijama.
Tenía la extraña sensación de que mi cuerpo estaba desapareciendo, se desmaterializaba sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo.
Pronto comprobé que se trataba de algo más que una sensación. Instintivamente había cogido el móvil y las llaves antes de salir de casa, tampoco recordaba haberlo hecho, pero era innegable que las llevaba.
Las cambié a mi mano izquierda en un intento desesperado de sacarme una foto con el teléfono que me convenciera de que mi cuerpo seguía intacto, eso me tranquilizaría.
No lo conseguí. 
Al pasarlas de mano, las llaves cayeron al suelo rompiendo con su sonido el silencio de la noche.
Ya era un hecho.
Aun así hice aquella maldita foto, en la pantalla no se veía ni rastro de mi mano izquierda y el brazo no era más que una colección de píxeles borrosos.
Despavorido me dirigí a casa. Entré en el ascensor con complejo de vampiro: mi imagen ya no se reflejaba en el espejo.
Crucé la puerta temblando y preso de un ataque de pánico, no es que me faltara el aire, literalmente no podía respirar.
En el salón, convertido en un improvisado tanatorio, mi familia y amigos velaban mi cadáver.
La muerte me sorprendió mientras dormía.
Traté de huir.
No llegué muy lejos.

COSAS DE
NIÑOS

Nunca me gustó la hija de los vecinos del B: demasiado curiosa y descarada para lo pequeña que era. Esperábamos el ascensor cuando apareció el padre de la criatura con la niña de la mano. Apenas teníamos relación con aquella familia más que el cortés hola y adiós cuando nos cruzábamos en el portal o coincidíamos en el rellano de la escalera, como hoy.
La pequeña de apenas dos años rompió el incómodo silencio:
––¿Dónde vais? ––preguntó con una pronunciación tan perfecta para su edad que asustaba.
––A hacer la compra––contestamos con la mejor de nuestras sonrisas.
––¿Y qué vais a comprar? –– la pequeña continuó con el tercer grado.
Ante la insistencia de la niña, el padre decidió intervenir:
––Anda, Sofía, cállate ya, no seas pesada.
––No soy pesada, papá, pero les falta alguien.
––¿Qué quieres decir, cariño? ––le contestó ––ellos solo son dos.
––No, papá, no son dos, les falta el niño ¿dónde está el niño? ¿dónde habéis dejado al niño? ¡Tenéis que traer al niño! ––continuó la pequeña que poco a poco había ido elevando el tono de voz y tenía la cara más desencajada.
––No insistas, cielo, no empieces con tus cosas otra vez––cortó tajantemente el pobre hombre, que se estaba poniendo blanco como la cal.
Sofía pareció hacerle caso y se calló justo cuando el ascensor llegaba al bajo y a nosotros empezaba a ponernos nerviosos tanta insistencia y la extraña mirada de la niña.
El vecino se despidió saliendo apresuradamente del portal con la pequeña agarrada de su mano y nosotros nos miramos sin saber muy bien qué había ocurrido.
Dos semanas después mi marido me encontró tirada en el suelo de la cocina sin conocimiento, sobre un charco de sangre. Poco después los enfermeros del 112 me sacaban en camilla de mi casa camino del hospital. Aún con la vista borrosa, como en un sueño, pude ver a la niña del vecino observándome  desde la puerta de su casa mientras le decía a su padre:
–– ¿Lo ves, papá? Te dije que faltaba el niño, ahora ya se ha ido.

Teresa Oteo. Abril 2015


 Vamos a ver como realizo la reverencia a la autora Teresa Oteo Iglesias que nos dejó otro de sus magníficos relatos.
Ella fue la primera ganadora del Premio B, colaboró en cada una de las locuras que propuse. Trabajamos en conjunto en un par de relato, nos pusimos creativos y la entrevistamos para la sección Disparar… en todos los sentidos. Booktrailer, imágenes y Orbis Verbum nos mantuvo en comunicación fluida. 
 Ha participado en una cantidad considerable de antologías y presentaciones de su obra en Ferias del libro en España con gran éxito. 
   Apenas anuncié Octubre, ella me dijo “ya era hora”…

En fin, varias invitaciones tengo que realizar a los lectores. Muy pronto Teresa Oteo presenta una antología y una nueva novela en el evento llamado CyLcon 15. Continúa a la venta sus anteriores publicaciones “Orbis Verbum: un giro de compás” y la serie de literatura infantil llamada “Cuentos sin miedo”.


Por más información sobre la autora, su obra retengan los siguientes enlaces.





martes, 27 de octubre de 2015

Octubre en LDU 2015 (semana final): ADRIANA GABRIELA TUGORES




Caramelos
ácidos



¡Qué vida su vida! Elmer, una vez más, se había levantado de mal humor. La casa estaba hecha un desorden, por lo que caminaba arrastrando sus pies, tratando de evitar pisar las tantas cosas diseminadas en el piso.
En realidad, no se sentía responsable por el aspecto de su casa,  mucho menos por el estado calamitoso en el que se encontraba él... todo era culpa de ella, "maldita mujer" que se le había cruzado en el camino. "Insensible, insensata, egoísta y manipuladora". Toda su rabia la volcaba en palabras que vociferaba con energía para que rebotaran entre las paredes de su casa. A cambio, la casa le devolvía el silencio más absoluto. La soledad le pesaba, pero no tanto como el recuerdo constante de aquella mujer que había sido su compañera por bastante tiempo. "La paciencia caduca" -le había espetado ella en su cara el día en que con las valijas prontas se despidió de él sin mucho más preámbulo. "Claro" -pensó Elmer- "es más fácil echarme la culpa a mí y no hacerse cargo de nada de lo que a ella le toca. ¡Maldita, infeliz, ponzoñosa víbora!" y así seguía la retahíla, día tras día, hora tras hora...
La televisión estaba encendida, le gustaba ver a Puglia cocinando y reír con los chistes de doble sentido que a veces acompañaban sus preparaciones. Reía como sin ganas, pero reía, mientras su abultado abdomen cimbraba por los espasmos de su risa. Nunca le faltaba la lata de cerveza, se le adhería a la mano con más entrega que la de quien había sido su mujer. O al menos, él disfrutaba más de su compañía y el efecto risueño que le provocaba.
En eso... sonó el timbre. Le resultó un sonido molesto, inoportuno, lo que le provocó que su boca, una vez más, se llenara de improperios. Pero ni se inmutó, no estaba decidido a mover ni un dedo para ver quién llamaba. "No espero a nadie." Esa fue su resolución final...
La tarde fue transcurriendo. La televisión siguió encendida. No se hablaba más que de Halloween y la noche de brujas, "esas estupideces importadas que nada aportan a la vida. Malditos yankees, como si no alcanzara con los problemas de uno. Encima, hay que agregar celebraciones estúpidas. Allí andan los niños estupidizados, disfrazados de monstruos, como si no tuviéramos bastantes fantasmas con los que lidiar a diario! ¡Manga de idiotas! A mí que no vengan a romperme los huevos con dulce o truco, o cómo mierda le digan. Al primero que me venga con una idiotez de  esas le zampo una patada en el medio del culo!"


Ilustración creada por la autora


De pronto, un recuerdo se le escurrió por la memoria. Con parsimonia se levantó del sillón que padecía  un destartalo inevitable a causa de su peso. Una vez más, sus pies se fueron entreverando con prendas, papeles y latas tiradas en el piso. Se dirigió a la cocina. Recordó que "ella", guardaba en alguna parte una lata repleta de caramelos ácidos. Eran sus preferidos. Él los odiaba. Buscó hasta que los encontró. La lata estaba llena por la mitad. La sostuvo entre sus manos que empezaron a temblar, vaya a saber por qué endemoniado motivo. Su mirada huyó del lugar, dibujando imágenes en el aire... pensamientos distorsionados, recuerdos mutilados, risas acalladas, entregas dolorosas, frustración y rabia, sobre todo eso, mucha rabia. Lentamente, se agachó donde se hallaba el estante de los artículos de limpieza. Tomó un recipiente de veneno para ratas... "Maldita noche de brujas!... maldita bruja!"  ...
Caía la tarde, cuando los niños con sus vestimentas de Halloween salían a hacer la recorrida tocando timbre casa por casa, conminándole a quien le abriera, con la consabida frase: "¡Dulce o truco!"
Elmer, aguardaba con una sádica sonrisa en los labios...



                         Gaby*©
                               2014


El relato que leyeron pertenece a ADRIANA GABRIELA TUGORES.
Aquellos que siguieron los recuerdos de este especial y llegaron a este increíble relato habrán apreciado la versatilidad de Gaby.
No solo desarrolla un talento en el ritmo narrativo que imprime a sus trabajos sino que también hay un gran aporte visual. Sus ilustraciones demuestran su visión artística.
Ha realizado ilustraciones para Teresa Oteo Iglesias en varias ocasiones. También ha participado en varias antologías, así como finalista en otras convocatorias literarias.
Invito a conocer más Gaby directamente desde su sitio. Encontrarán un universo de palabras, logros y muchas texturas, colores y formas:




lunes, 26 de octubre de 2015

Octubre en LDU 2015 (semana final): YESSY KAN Y DARIO BRABO


MORELLA

Morella se abrió paso entre la gran multitud de espectadores del gran desfile de Halloween. Esa noche le parecía la más fría y tétrica de todas las veces que había asistido a la celebración de los muertos y criaturas de la oscuridad. Hastiada decidió caminar alejándose del bullicio. Al pasar del tiempo sin darse cuenta de lo que había recorrido volvió su rostro y sus ojos centellaron. Extraña noche, pensó, con un espeluznante escalofrió que recorrió todas las células y moléculas de su cuerpo físico. 

Tras un momento de estupefacta vacilación, Morella sintió una terrible punzada en el hombro. Ella se viro con un movimiento casi mecánico, y miro a los ojos a un maldito psicópata que le había enterrado el cuchillo; y que, con sonrisa burlona decía: - Te violare, te  arrancare el corazón y me lo comeré. - la complexión astral de la chica comenzó a vibrar en su frecuencia más alta hasta transformarse. En segundos se llevó la mano derecha atrás de la espalda, y de un tirón saco el filoso cuchillo que le había enterrado. Al ver esto, sorprendido, torció la boca y grito a todo pulmón abalanzándose sobre ella: - Ven acá maldita perra, ven acá! - Durante unos críticos instantes y con increíble rapidez, la víctima de burla y ultraje saco unas filosas garras mortales que manejo con una sorprendente habilidad; y antes que el malhechor encajara otra puñalada, esta le propino un golpe tan brutal que traspaso el pecho, aprovechando sus garras para extraerle el corazón.

Alzo la cabeza, y acto seguido, estrujo el corazón con infinita fuerza asta deshacerlo entre su mano. Al correr la sangre por sus pies, un apetito feroz a necesidad del líquido viscoso comenzó apoderarse de su cuerpo. Seguido, se flexiono lentamente sin poder evitarlo, y se la llevo a la boca. El rostro de Morella quedo pálido, cubierto de sangre, los ojos hipnotizados y los labios entre abiertos exponían dos largos y afilados colmillos sangrantes saboreando el manjar, pero de inmediato quiso vomitar, por la sangre del asesino en serie corría la venenosa hepatitis C. Enseguida, la respiración se le contrajo súbitamente, pero sacando fuerzas por vencer al terror que había sido expuesta, se volvió fuerte, mientras su corazón de vampira novata palpitaba velozmente.

Este aporte de Yessy kan está incluido en la propuesta del blog Acompáñame (que pueden visitar desde el directorio LDU).

Y a continuación veremos el primer capítulo de una historieta de nuestro amigo y colaborador Dario Brabo y su blog de ilustraciones llamado Kebondi.
Al final de estos aportes aparecen los enlaces a sus sitios y los agradecimientos.
Recomiendo aumentar cada foto para apreciar mejor los diálogos. 






Lentamente estamos presentando a los 7 autores selectos que componen la semana final del mes del terror.
Hoy hicimos truco sin pedir dulces jeje porque en esta nueva entrada aparece un aporte doble. Quiero agradecer a los dos por sus trabajos y la confianza en este sitio y espero que sigamos en contacto y no duden escribirme por cualquier novedad o proyecto que vayan a emprender.

Jessy Kan se hace presente en este Octubre en LDU 2015 con un relato nuevo y diría que compartido en forma colectiva, ya que además de estar en nuestro mes del terror también lo hace en la propuesta de Halloween de Acompáñame.
Así que invito a todos los lectores a conocer su sitio:


Nuestro segundo participante es Dario Brabo que gentilmente nos cedió parte del trabajo que hay realizado en su blog. Debo reconocer que me costó trabajo decidirme por una sola de las historietas que aparecen, también existía la posibilidad de incluir varias ilustraciones aunque no tuvieran ninguna relación entre sí. Lo que me hizo terminar descartando esta idea fue que en esta entrada, tal vez sirva como una muestra del talento que hay en el blog y entusiasmar a los lectores que no lo conozcan y visitar ese genial sitio que construyó.
Hago la aclaración que su blog está compuesto por otros colaboradores, que también escriben e ilustran fantásticas historias.
Lean, visten y comenten:



domingo, 25 de octubre de 2015

Octubre en LDU 2015 (semana final): JIMENA RIVAS




Fuerza 
sobrenatural


No sé qué me pasa, padezco una puntada intensa en mi mano. Anoche algo similar sentí en un pie, intenté moverlo pero un calambre corrió a lo largo de mi pierna. Decidí quedarme muy quieto, sin embargo el dolor se propagó por el resto de mi cuerpo. Sentía como si perros rabiosos mordieran mis entrañas. Es algo raro, son dolores intermitentes. Se instalan en distintas regiones de mi ser.
Mi mano apenas me responde y el dolor se va haciendo cada vez más insoportable, no sé qué hacer…
De pronto, se me retuerce cada músculo del brazo, siento como si quisieran desgarrarlo, desde la propia raíz de mi hombro. Quiero gritar, el dolor me obliga pero no lo logro, mis labios parecen sellados. Intento de todos modos abrir la boca, a cambio lo único que logro es sentir cómo se resquebraja. ¿Qué me está pasando?
Una punzada aguda se clava en mi corazón. Me corta la respiración. Mi sensatez se anula. Mi cabeza sobrepasada de estas sensaciones tan lastimosas parece querer estallar. Ya no lo soporto… Un latido vibrante se hace constante, desde mi pecho asciende para comerme los sesos. 
¡No lo aguanto!
Vivo una agonía, me resulta inexplicable. Mis ojos desorbitados sienten agujazos. Mi visión se va haciendo cada vez más borrosa. Ya nada en mi responde.
Una risa descontrolada me paraliza, y allí la veo, manipulando mi existencia con todo su odio.    

–¿Por qué me haces esto? – pienso, y aunque no pueda escucharme, ella instintivamente responde:

–Solo quiero verte sufrir.






Jimena Rivas ha estado desarrollando su talento en los últimos meses. También alcanzó un salto significativo en su narrativa y desde su blog (estéticamente hermoso) viene cosechando una producción de relatos, participación en actividades y locuras de distintas índoles que certifican la evolución de la autora. Aunque desde Marzo se mantiene un poquito alejada del trabajo en su sitio. Todos nos merecemos un retiro espiritual para volver con las energías renovadas. Muy pronto volverá al ruedo con su joven impulso creativo y logrará cautivarlos como siempre. Por esto es que recomiendo e invito a los lectores a leer algunos de sus aportes y comentar su trabajo: