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domingo, 30 de septiembre de 2012


Colaborador: Los Domingos de Ángela Norma Michelli


Llegamos al capítulo 10 de la novela:


La muchacha cósmica.

 La palanca quedó totalmente reparada y extendida y el viaje continuó sin mayor dificultad.

 -Llama a tierra Deig, en la estación que te comuniques, que se pongan en contacto con las demás estaciones y transmitan el mensaje que te di.


 Vladimir, volvió a su nave, abrió un libraco, donde le indicaban los procedimientos a seguir en caso de emergencias.
Estaba dispuesto a aprender al pie de la letra todas las indicaciones necesarias para no volver a cometer errores que, alguna vez, pudieran traer fuertes dolores de cabeza. Le preocupaba esa muchacha que, a su entender, no era un lugar adecuado, para ella, una nave espacial por muy bien preparada que estuviera algo extraño le pasaba, su comportamiento no era normal, menos para dirigir una nave espacial, ese lugar era para un hombre; he allí, el dilema de su preocupación. No podía entender porque pusieron una mujer.
Pero las cosas estaban dadas así y había que seguir adelante
.
 -Renuncie al intento de descender en la luna, conéctese a las baterías solares, de la vuelta a la luna y enfile la nave a tierra.

Muy enfrascado en su lectura, no sintió la voz de Yuri, que sonriendo le decía;
- No te molestes más, que ya está todo solucionado y no tendrás que ceder tu lugar de reposo, con ellos.
-Si es eso lo que te preocupa, a no ser que quieras cedérselo a tu Dulcinea.
-No hables así, que puedes ponernos en mala situación, con el resto de la tripulación ¿sabes?  -Me parece que el tal Bágner, está perdido por ella y tú también Vladimir.
-Calla por favor o te haré callar yo.

Desolada Débora, quedó muy preocupada, ¿si no llegaban nunca a la luna? y ¿no regresaban a la tierra? Que horror, no lo pensó en ningún momento.
El llanto no tardó en sacudirla, algo sintió Bágner, que acudió de inmediato, sin pensarlo, la levantó en sus brazos apoyando la cabeza de ella en su hombro, le dijo:
- Nada pasará, ten calma, todo está bien te amo palomita.
-No puedo amarte, Bágner aunque lo quiera.
-¿Por qué, dime por qué?
-Algún día no muy lejano, lo sabrás, si es que ese día amanezca para nosotros.
-Con seguridad que así será, cariño.

Preparando estaba el almuerzo, en la cocina de la nave, cuando la voz de la radio allí ubicada, así le habló:
-Débora, no me obligues a proceder antes de lo previsto, no me obligues a interceptar las naves, porque todo se irá al mismo demonio.
-¡Tú eres mía, solo para mi, deja que todo se de a su debido tiempo.
-El gran viajero espacial, solo crecerá en tu vientre, tan solo de mí has oído, de mí, grábatelo.
Comenzó a inquietarle, como será ese hombre, que tan segura la tenía.
 Recordaba las figuras que había visto en su niñez.
Hombres lagartos en esa famosa serie, o esas fotos que fueron tomadas al azar en la captura de una nave, hombrecitos pequeños y deformados, también leyó sobre seres que venían del espacio, que tenían una altura casi de dos metros.
Si seguía pensando y lucubrando se iba a volver loca.

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